Sherlock, Lupin y yo. El trío de la dama negra

el-trio-de-la-dama-negraPortadaNuestro compañero Fernando Gómez Martí de 2ºCE ha leído estas navidades un libro que le ha entretenido mucho: El trío de la Dama Negra, primer título de la trilogía “Sherlock, Lupin y Yo” (Irene Adler, nombre con el que firma el escritor italiano Alessandro Gatti), una nueva saga de misterio y aventuras, protagonizada por los afamados detectives de la literatura clásica.

Durante el verano de 1870, Sherlock Holmes, Arsène Lupin e Irene Adler se conocen en Saint-Malo, los tres se ven envueltos en distintos hechos criminales: el robo de un collar de diamantes, el cadáver de un desconocido hombre en la playa y una silueta que aparece y desaparece sobre los tejados de la ciudad. Tres amigos cuyas mentes marcarán la historia de la criminalidad.

Os presentamos el comienzo de la novela…

Capítulo I. Tres amigos

“Creo que nadie me llamará mentirosa si digo que fui la primera y única amiga de Sherlock Holmes, el famoso investigador. Cuando nos conocimos, sin embargo, él todavía no era investigador, y mucho menos famoso. Yo tenía doce años y él era poco mayor que yo.

Era verano. Julio, para ser exactos. El 6 de julio.

Aún recuerdo perfectamente el momento en que lo vi por primera vez. Estaba sentado en el ángulo que formaban las paredes de piedra de un baluarte, en lo más alto de la  muralla, con la espalda apoyada en la hiedra. Por detrás de él solo había mar, una superficie oscura y agitada. Y estaban las gaviotas, que volaban en el cielo trazado lentas espirales.

Mi amigo apoyaba la barbilla en las rodillas juntas y estaba absorto, con cara casi de enfado, en el libro que leía, como si de aquella lectura dependiese algo importantísimo para el mundo entero.

No creo que se hubiese dado cuenta de mi presencia ni que nunca nos hubiésemos conocido si a mí no me hubiera picado la curiosidad tanta y tan furiosa, concentración y o hubiera ido a molestarlo.

Mapa Saint MaloPuesto que yo acababa de llegar a Saint-Malo, le pregunté si él en cambio, vivía allí.

-No -me contestó sin despegar los ojos del libro siquiera-. Vivo en la rue Saint-Saveur número 49.

“¡Vaya sentido del humor! -pensé. ¡por supuesto que no vivía llí, en un baluarte cortado a pico sobre el mar! De todos modos, dije para mí- : Touchée.

Y supe que entre nosotros había empezado un desafío.

Yo era forastera. Acababa de llegar a Saint- Malo tras un larguísimo viaje en coche de caballos desde París. Estábamos de vacaciones, y la idea de pasarlas enteras en Saint-Malo había sido de mimadre.

Yo no estaba contenta, ¡estaba entusiasmada! Hasta entonces había visto el mar pocas veces: en las escasas ocasiones en que había acompañado a mi padre a Calais, donde se había embarcado para Inglaterra, y una vez en San Remo, Italia. Decían qeu era desasiado pequeña para recordarlo, pero sí que me acordaba de aquel mar. De verdad que me acordaba.

Tener que pasar todo el verano de 1870 en una localidad de veraneo a orillas delmar me había parecido, pues, magnñifico. E iba a seguir el consejo de mi padre, que siempre decía: “Quedaos un poco más, si queréis. ¡No tenéis ninguna obligación de volver a París!”. Pero lo cierto es que mi madre prefería vivir en la gran ciudad. Y que yo, despues del verano, debía volver al colegio… Pero no tras aquel verano precisamente. El verano que cambió totalmente mi vida. Totalmente…”

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