El tiempo en “El príncipe de la niebla”

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Ana Sen, alumna de 1ºESO, tras escuchar, en la clase de Plástica, este texto que a continuación reproducimos, tomó unas notas y dejó volar su imaginación…

 ¡Mira cómo ha quedado! (Las palabras resaltadas son aquellas que Ana ha tomado como referencia).

Habrían de pasar muchos años antes de que Max olvidara el verano en que descubrió, casi por casualidad, la magia. Corría el año 1943 y los vientos de la guerra arrastraban al mundo corriente abajo, sin remedio. A mediados de junio, el día en que Max cumplió los trece años, su padre, relojero e inventor a ratos perdidos, reunió a la familia en el salón y les anunció que aquél era el último día que pasarían en la que había sido su casa en los últimos diez años. La familia se mudaba a la costa, lejos de la ciudad y de la guerra, a una casa junto a la playa de un pequeño pueblecito a orillas del Atlántico.

La noche de su cumpleaños Max no pegó ojo. Mientras los demás dormían, esperó la fatal llegada de aquel amanecer que habría de marcar la despedida final del pequeño universo que se había forjado a lo largo de los años. Pasó las horas en silencio, tendido en la cama con la mirada perdida en las sombras azules que danzaban en el techo de su habitación, como si esperase ver en ellas un oráculo capaz de dibujar su destino a partir de aquel día. Sostenía en su mano el reloj que su padre había hecho para él. Las lunas sonrientes de la esfera brillaban en la penumbra nocturna. (…)

La nueva casa El príncipe de la niebla Ana Sen 1ºCEde los Carver estaba situada en el extremo norte de una larga playa que se extendía frente al mar como una lámina de arena blanca y luminosa, con pequeñas islas de hierbas salvajes que se agitaban al viento. La playa formaba una prolongación del pueblo, constituido por pequeñas casas de madera de no más de dos pisos, en su mayoría pintadas en amables tonos pastel, con su jardín y su cerca blanca pulcramente alineada, reforzando la impresión de ciudad de casas de muñecas que Max había tenido al poco de llegar. De camino, cruzaron el pueblo, la rambla principal y la plaza del ayuntamiento, mientras Maximilan Carver explicaba las maravillas del pueblo con el entusiasmo de un guía local.

El lugar era tranquilo y estaba envuelto en aquella misma luminosidad que había hechizado a Max al ver el mar por vez primera. La mayoría de los habitantes del pueblo utilizaba la bicicleta para sus traslados, o sencillamente iba a pie. Las calles estaban limpias y el único ruido que se oía, a excepción de algún ocasional vehículo a motor, era el suave embate del mar rompiendo en la playa. (…)

La casa tenía dos pisos y se alzaba a unos cincuenta metros de la línea de playa, rodeada de un modesto jardín acotado por una cerca blanca que pedía a gritos una mano de pintura. Había sido construida en madera y, a excepción, del techo oscuro, estaba pintada de blanco y se mantenía en un razonable buen estado, teniendo en cuenta la cercanía del mar y el desgaste al que el viento húmedo e impregnado de salitre la sometía a diario“.

Sencillamente, delicioso, ¿no?

 

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Categorías: Lecturas ilustradas | Etiquetas: , , , , | 2 comentarios

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2 pensamientos en “El tiempo en “El príncipe de la niebla”

  1. Siempre respetando todas las opiniones y criterios, pero opino que Zafón ha caído en lo que se llama el autoplagio, y hace tanto tiempo que no escribe nada nuevo que si la trilogía de la niebla más Marina fueran dibujos en hojas de papel superpuestas, veríamos el mismo dibujo..
    Dejando esto de lado, el dibujo me ha gustad mucho ^^

  2. Ana García

    Discrepo con el comentario anterior. En mi opinión, Carlos Ruiz Zafón es un escritor cuyas obras despiertan gran interés entre los jóvenes. Personalmente, Zafón apareció en mi vida cuando en el instituto nos mandaron leer “El príncipe de la niebla” y debo confesar que fue el primer libro con el que me quedé bajo las sábanas leyendo a la luz de la lamparita de noche, siempre con ansias de más y más.
    Posteriormente he leído otras obras suyas, destacando “El palacio de la medianoche”, en el cual dos gemelos, Ben y Sheere, son separados al nacer para evitar que un malvado hombre que se hace llamar Jawahal acabe con sus vidas. El libro igualmente me ha encantado y se lo recomiendo a cualquier joven amante de las historias de misterio.

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