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Benjamin Wood El caso Eden Bellwether

Oscar, un joven enfermero de 20 años de una residencia de ancianos de Cambridge, comparte al comienzo de esta novela de Benjamin Wood, lo que para él significa LEER…

Portada Benjamin Wood El caso Eden Bellwether“En realidad estaba aprendiendo un montón del viejo, le bastaba, sencillamente, con leer los libros que le recomendaba. Durante los últimos seis meses había leído novelas de Graham Green, Herman Hesse, las historias completas de Gianni Celati, Katherine Mansfied, Frank O´Connor, Alexander Solzhenitsyn y los ensayos de George Orwell. Casi había olvidado lo mucho que le gustaba leer; disfrutar de la cadencia privada de las palabras mientras sus ojos las atravesaban. Sus padres eran de la clase de gente que tenía las estanterías para libros, pero que no tenía libros. Nunca comprendieron el placer de la lectura y nunca pensaron que fuese algo que mereciese la pena estimular. En sus vidas, los libros eran accesorios, objetos que se endosaban a los niños en las escuelas por gentileza de profesores de inglés desaliñados. A Oscar le educaron en la creencia de que si se quedaba en su habitación leyendo sobre mundos imaginarios era porque no sabía valorar la vida que tenía, las posesiones por las que sus padres habían trabajado tan duro, como la televisión, el vídeo o el recién abonado jardín posterior. Cuando leía, su padre le preguntaba si estaba bien, si le sucedía algo; le preguntaba qué había pasado con aquel amigo suyo que había venido una vez a tomar el té. En la urbanización en que vivían sus padres, en Watford, la vida era más sencilla cuando uno no leía. Así que se entrenó a sí mismo para no desear hacerlo.

Pero desde que el doctor Paulsen le había invitado a que tomara prestados ejemplares de su biblioteca el año pasado -“Elige algo. Lo que sea. No hago recomendaciones-“, Oscar había empezado a rememorar el placer de leer. En las épocas en que Cedarbrook estaba tranquilo, se leía tres o cuatro libros en un mes, incluso más si trabajaba de noche. Había noches en las que todos los residentes habían sido ya acostados y los timbres para avisar a las enfermeras habían dejado de sonar; entonces podía pasarse muchas horas en el vestíbulo vacío, leyendo junto a lamparilla, noches en que sus secos dedos se deslizaban entre las páginas con olor a jabón antibacteriano. Aquellos eran los momentos en que era más feliz“.

Benjamin Wood (2015) El caso Eden Bellwether, Duomo ediciones (páginas 30-31)

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