Archivo del Autor: lagunadelibros A.G.

LOS DESAFÍOS DE LA EDUCACIÓN MORAL

 

 

 

TEMA DEL MES:

 

 

Si la moral se ocupaba de las costumbres (lo que los latinos llamaban “mores”), la ética se ocupa (del griego “ethos”) del carácter; curiosamente, la moral ha derivado en costumbrismo y de la misma raíz etimológica de donde viene la ética ha aparecido la etología (que estudia las costumbres de los animales).

El costumbrismo es una corriente literaria; autores como Quevedo, Larra, el anónimo autor del Lazarillo o Mesonero Romanos pintan, cada uno en su época, cuadros de costumbres; también lo hacía, en los lugares que visitaba, Heródoto, que hacía gala no tanto de escritor como de geógrafo. Los escritores, los pintores y hasta los músicos han retratado, en sus recreaciones y sus historias, las costumbres del lugar, la sociedad de su tiempo.

            Pero hay un aspecto de las costumbres que también nos interesa aquí: la capacidad que tienen para cambiar a las personas modulando su forma de ser; así lo sentía Aristóteles cuando veía en la tragedia un instrumento de educación al servicio de la moral. Homero era para los griegos un educador: sus personajes simbolizaban virtudes morales (Ulises era la astucia, Penélope la paciencia, Aquiles la cólera), igual que lo hacía el panteón del Olimpo: en el que Heracles representaba la fuerza moral (más que la fuerza física, aunque también); Ares representaba la guerra, Atenea la inteligencia y las musas las artes y las ciencias (pensemos en Urania, musa de la astronomía; en Clío, diosa de la historia; o en Melpómene, diosa de la tragedia). También Esopo educaba la moral de los jóvenes enseñándoles las fábulas; y Jesucristo lo hacía con sus parábolas

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            Hoy enseñamos la ética con nuestros libros de teoría, tan fríos como aburridos: quizá habría que volver a la literatura para buscar en ella sólidos pilares para la enseñanza de la ética; así lo plantea también un aristotélico de nuestro tiempo, el filósofo escocés MacIntyre.

            ¿Hay que enseñar la ética con los tratados teóricos que usamos en nuestros libros? ¿O es más eficaz recurrir a la pintura, la música, el cine, el arte en general y la literatura? ¿Hay que hacer las dos cosas a la vez? Unos creen que vamos por buen camino y otros suponen que no sirve de nada tanta teoría con la ética. ¿Y tú qué piensas?

 

Pica en la pestaña “comentarios” o en “deja un comentario” para dar tu opinión.

 

 

 

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MARZO DE 2019. TEMA DEL MES

 

 

MARZO DE 2019.

 

TEMA DEL MES:

 

 

            Entramos en el mes de marzo. Aprovechando que el día 8 es el día de la mujer te invitamos a que, durante todo el mes, digas lo que quieras sobre la importancia de la mujer en la literatura, la ciencia, la pintura, la historia, la música… en una palabra: en la cultura. Siempre desde el respeto, por supuesto.

Ha habido mujeres creadoras: escritoras como Teresa de Jesús, Rosalía de Castro, Gabriela Mistral, Alfonsina Storni, Virginia Woolf, Safo, Emilia Pardo Bazán, Aurora Dupin, las hermanas Brontë, Cecilia Böhl de Faber; filósofas como Simone Weil, Hannah Harendt, Simone de Beauvoir o María Zambrano (que descubrió la razón poética asomándose a la filosofía desde Segovia); pintoras como Frida Kahlo, científicas como las dos Marie Curie e Hipatía de Alejandría (sobre cuya vida fabuló Alejandro Amenábar en la película Ágora),  o músicas como Clara Schumann, muchas de ellas olvidadas, como María Anna Mozart y un largo etcétera.

También han sido mujeres las protagonistas de algunas de las historias más famosas: Madame Bovary, Ana Karenina, Judith, las amazonas de Platón, la pastora Marcela, la joven de la perla o don Gil de las Calzas verdes.

Artistas como Margarita Xirgú, Greta Garbo, Ingrid Bergmann, Isabel Coixet, Pilar Miró o Lola Herrera.

Y mujeres que han jugado un papel importante en la historia, como Clara Campoamor, Juana de Arco, Golda Meir, Margaret Thatcher, Dolores Ibárruri, Federica Montseny, María Magdalena, Isabel la Católica, las mujeres de Zamarramala, Agustina de Aragón o Aspasia de Mileto; Islandia ha sido gobernada por el partido de las mujeres y todavía no deja de ser uno de los países más felices del mundo.

Y sin embargo el mundo, a través del lenguaje, ha ignorado siempre el mundo femenino. Cuando hablamos de los hombres primitivos muy pocos piensan en las mujeres primitivas. Cuando decimos que los celtas eran guerreros no caemos en la cuenta de que sus mujeres no hacían la guerra. Cuando hablamos de la invención de la agricultura muy pocos saben que fue una auténtica revolución de las mujeres. A la mujer se la ha visto como santa (María) o diabólica (Eva), pero nunca, o pocas veces, como un ser de carne y hueso, con sus virtudes y sus defectos. Hasta el lenguaje parece que se confabula contra ellas cuando, para decir que una película es buena, decimos que estaba “de cojones” y, si era mala, que era “un coñazo”; para que luego digan que no hay que revisar el lenguaje desde una perspectiva de género.

Este mes te invitamos a reflexionar sobre el papel de la mujer en la cultura. Entra en el blog de la biblioteca (“lagunadelibros”, tu blog) y escribe tus reflexiones y comentarios; a ver si cuando acabe el mes tenemos una panoplia de ideas interesantes que nos hagan descubrir cosas nuevas, y cosas insólitas que contribuyan a ensanchar nuestro horizonte.

 

CÓMO HACER:

 1º. Pica en “comentarios”: si se despliegan los comentarios que se han hecho hasta la fecha, hazlos desfilar todos y al final aparecerá un cuadro de texto que dice: “deja aquí tu comentario”; (si, por el contrario, aparece directamente un cuadro de texto, escribe en él).

2º. Pon tu nombre al final de tu intervención, en el mismo cuadro de texto o en el apartado reservado para ello (caso de que el blog te lo pida); si no quieres identificarte no es necesario que lo hagas, pero ten en cuenta que las mejores conversaciones se dan entre personas que se conocen.

3º. Dale a “publicar comentario” y no te preocupes si no aparece nada escrito; habrá que esperar un día antes de que tu comentario sea publicado.

 

Feliz mes de marzo.

 

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TEMA DEL MES

 

            Hoy estrenamos una categoría nueva: el tema del mes. Durante nueve meses vamos a ir planteando temas para que os metáis en ellos y os pongáis a investigar y digáis lo que os parezca. El tema del mes tiene vocación interactiva: lo ideal es que haya diálogos cruzados y que unos lancen preguntas y otros se atrevan a dar respuestas; unos sugerirán una cosa y otros la contraria; unos detectarán los aciertos y otros los errores; unos se deleitarán en la belleza y otros en las razones; aunque también podríamos decir que las argumentaciones atinadas y los buenos pensamientos tienen igualmente la belleza de las razones. Todo el mundo es bienvenido si tiene algo que decir; y tiene algo que decir si ha leído lo que dicen otros; lo interesante es crear controversia, despertar ideas y suscitar consensos; en una página de debate todo tiene cabida, eso sí: desde el respeto y la buena educación. No valen los insultos. No valen las condenas. En una hoja para el debate se critican las ideas y se contrastan las opiniones, pero no se condena nunca a las personas; se sonríe y se sueña, pero no se ríe uno de nadie porque aquí estamos juzgando el mensaje, no al mensajero. Ésa es la única regla. La única condición. El único límite al debate.

El tema del mes se elegirá según criterios de actualidad: y así, un mes lo dedicaremos al MUCES y otro al Hay Festival. Otras veces se hará según criterios de oportunidad y así, si en un curso nos atascamos por falta de tiempo, nos podremos proponer familiarizarnos con un autor del programa, o con una idea; y otras veces propondremos un tema libre en el que aceptaremos también vuestras sugerencias con toda la libertad del mundo; así podremos curiosear e investigar, es decir, entregarnos al cotilleo.

 

Ánimo, chicos, ánimo, chicas, ánimo, jóvenes y menos jóvenes. Empezaremos con un texto que os sirva para investigar, ya que os manejáis muy bien por internet: allí os daremos las primeras pistas.

Vosotros tenéis la palabra. Podéis entrar en el blog y leer, y una vez que hayáis leído, preparad el teclado para introducir vuestros comentarios.

NOTA: al final de cada intervención podéis poner vuestro nombre si queréis (a menos que queráis guardar el anonimato y entonces se os respetará).

 

Estamos de estreno. Para el mes de febrero proponemos el siguiente tema:

 

Nombre: Alberto Martín García.

Nacimiento: Segovia, 1982.

Profesión: profesor asociado de publicidad (Comunity Manager en la UVA, campus de Segovia).

 

Alberto Martín es escritor, autor de novelas de misterio que pertenecen también al subgénero policial. Tiene una prosa sencilla, fácil de leer, que lo enreda a uno hasta quedar atrapado en tramas que, a medida que se van desenredando, lo sorprenden. Es novela de entretenimiento que plantea reflexiones sobre la vida y crea realidades paralelas en las que, sin salir del mundo, vivimos fuera de él.

Hasta hoy ha escrito tres novelas:

 

(1) Tras la estela de un cuadro (finalista del XVII Premio de Novela Ateneo Joven de Sevilla; Premium Editorial 2012).

 

(2) Cuando sopla el viento de levante (Premium, 2016). Ambientada en Cádiz. El incendio de un hotel abre una extraña comunicación entre el presente y el pasado, dando pie a una investigación que nos hará dudar incluso de la existencia de los personajes. El universo cotidiano se vuelve insólito. La realidad parece irreal. Y unas voces heridas llaman nuestra atención desde un misterioso pasado.

 

(3) El silencio de Raquel (Caligrama, 2019) se desenvuelve en Segovia. El misterio recorre cada una de sus calles, y allá por la plaza de toros, donde no asoman los testigos, se pierde abruptamente el rastro de Patricia. Como un hábil enredador, Alberto teje una telaraña donde nos trapa dándonos sólo la mitad de la información para que nosotros nos encarguemos de encontrar la otra mitad. De sobresalto en sobresalto el lector se verá conducido a un desenlace que, si bien intuye en el último tercio del libro, hasta más de la mitad no sospechará por dónde lo llevan los hilos de la trama.

 

Alberto Martín es, además de buen comunicador, experto en moverse por las redes sociales: las conoce bien, conoce sus peligros y El silencio de Raquel es una advertencia de lo que puede ocurrir cuando hacemos mal uso de las nuevas tecnologías. Podéis buscar información sobre él, para empezar, en los siguientes sitios:

 

  • El silencio de Raquel (reseña, 2019; lagunadelibros).
  • Encuentro con Alberto Martín en el instituto Andrés Laguna de Segovia (2019; lagunadelibros).
  • Cuando sopla el viento de levante (reseña, 2018; lagunadelibros).
  • La tertulia literaria. Tercer año (lagunadelibros).

 

Tecleando su nombre seguro que encontráis cosas en internet. Sus novelas se pueden adquirir en las librerías de Segovia.

Por cierto ¿dónde ha estudiado Alberto Martín el bachillerato?

 

 

 

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CÓMO HACER UNA RESEÑA

 

Nuestro blog, como los niños pequeños, ha tenido una crisis de crecimiento; nació un día para animar a los jóvenes a leer y luego, como una cuña, se ha ido abriendo paso una segunda necesidad: la de disfrutar de la lectura; la tienen los que ya no necesitan que los animen a leer, tanto quienes son jóvenes como quienes lo fueron.

Por eso las reseñas se tienen que adaptar a esas dos naturalezas. Como un Hermes bifronte, nuestro joven blog, que ya va cumpliendo años, se  ve en la necesidad de ajustarse a un doble criterio:

A) Reseñas de animación a la lectura. Constan de las siguientes partes:

  1. Un breve resumen.
  2. Una valoración de la obra desde la perspectiva de la animación a la lectura.
  3. Una puntuación que informará del interés y la amenidad de la obra.
  4. Una recomendación de lectura. Orientará la obra hacia el público más idóneo y el que más pueda disfrutar de ella.

 

B) Reseñas para el placer de leer. Su estructura se desglosa de esta otra manera:

  1. Breve resumen de la obra.
  2. Una valoración a modo de pequeño comentario.
  3. Entretenimiento: justificará en un par de líneas si la obra es o no entretenida.
  4. Exigencia: indicará si la obra es exigente con el lector, obligándolo a pensar y vivir la profundidad de las realidades que pinta. Una obra puede ser exigente y entretenida a la vez; o entretenida pero no exigente (es decir, superficial); o también puede ser exigente pero no entretenida.
  5. Instructiva: indicará si la obra que nos exige y nos deleita nos enseña, además, cosas interesantes.
  6. Recomendación: indicará a qué público creemos que interesará la obra; a qué público va dirigida, qué público la puede leer sin desanimarse.

 

No será necesaria la puntuación numérica a menos que nos atrevamos con ella, porque es muy difícil calificar a los clásicos de esa manera. ¿Cómo vamos a puntuar el sentimiento, la profundidad y la belleza? Podemos puntuar su estructura, pero poco más.

En ambos casos (el disfrute del lector, la animación a la lectura) la reseña no deberá exceder de una página. Quien desee reseñar un libro podrá elegir hacerlo en cualquiera de estas dos modalidades.

 

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ENCUENTRO CON ALBERTO MARTÍN

EN EL INSTITUTO ANDRÉS LAGUNA

DE SEGOVIA

 

El día 14 de enero se reunió la tertulia que, una vez al mes, disecciona una obra literaria que previamente sus participantes han leído. Esta vez se trataba de la tercera novela de Alberto Martín: su título, El silencio de Raquel; subgénero, policial; una característica interesante es que está ambientada en Segovia y el lector que se sumerja en sus páginas paseará por la calle Conde Sepúlveda, el colegio Colmenares, el instituto Andrés Laguna, entrará por la plaza mayor, se internará en la plaza de toros y olerá los bollos recién hechos de la panadería Molinga.

A la cita acudieron unas doce personas, lo que supone una afluencia de público superior a la habitual; es una tertulia muy participativa, y, por lo tanto, requiere que se reúna un número pequeño de personas; esta vez el público asistente, motivado por la presencia del autor, ha desbordado más allá de lo esperado; pero, afortunadamente, sin superar esa línea roja por encima de la cual ya no son fructíferos los intercambios.

Todos los participantes le hicieron preguntas, halagados de compartir este momento con él. Alberto Martín ya compartió el año pasado mesa con nosotros, y en aquella ocasión fue para departir sobre su segunda novela (Cuando sopla el viento de levante). Segoviano, profesor de publicidad en la universidad de Valladolid, muy interesado por los temas relacionados con el uso de las nuevas tecnologías, lector empedernido y escritor de novela policial. Las intervenciones del público fueron desgranando uno por uno algunos de los interrogantes que suscitaba la lectura de esta novela.

En primer lugar se le pidió que se situase dentro del panorama de la novela policial, o de la novela negra. Entre los primeros detectives encontramos a Sherlock Holmes de la mano de Mister Watson; haciendo un recorrido por todos ellos desembocamos, con Manuel Vázquez Montalbán, en el detective Carvallo ayudado por Biscuter: todos tienen en común el ser personajes marginales, acaso más bien marginados, escépticos con la ley pero atraídos por la justicia, amantes de desentrañar misterios y de jugar con todas las pistas como buenos semiólogos, desengañados de la sociedad y amargados en su vida; hay cierto orgullo intelectual y mucho deseo de jugar con la lógica en ellos.

Peralta, por el contrario (Peralta es el investigador que desentraña los hilos de la trama en El silencio de Raquel), es un inspector de policía; su ayudante, Marina Goyanes, es oficial, y desfilan junto a ellos jueces, agentes y forenses; los héroes de Alberto están perfectamente integrados en la sociedad, si bien queda un resto de marginalidad que se reivindica a través de la crítica a sus superiores, a quienes ellos ven como ambiciosos, ególatras y apartados de la ética (tal es el caso del comisario Calderón). Parecen hermanos gemelos de Belvilacqua y Chamorro, los detectives que protagonizan las novelas de Lorenzo Silva. ¿Se considera Alberto Martín un hijo, o por lo menos un heredero, de Lorenzo Silva?

La respuesta es no. Alberto ha leído a Lorenzo Silva, pero no tiene conciencia de haberse inspirado en sus personajes para construir los suyos. A través de sus novelas se muestra el lado amable de la policía, denostada por esos antihéroes que son los detectives de antaño, pero sin ser novelas donde haya una línea clara entre los buenos y los malos; los malos pueden ser personas que sufren, que arrastran tras de sí un pasado terrible (recordemos cuando Fernando Savater explica la crueldad de Frankestein argumentando que es malo porque no es feliz); y entre los buenos florecen, como parásitos, expertos en picaresca dispuestos a aprovecharse sin escrúpulos de los méritos de los otros .

¿Cómo ha obtenido Alberto Martín ese conocimiento tan exhaustivo de los métodos de investigación que utiliza la policía? Ha sido bien sencillo: recurriendo a la misma policía. Ha tenido largas conversaciones con inspectores que le han contado los protocolos, los procedimientos, las formas verbales y paraverbales de hacer los interrogatorios, el trabajo con el juez para autorizar los registros, para visionar las cámaras de seguridad que hay en las calles, para cruzar información de las distintas fuentes; ha hablado con los técnicos adecuados para saber cómo hacen las compañías telefónicas para ubicar en todo momento a sus usuarios, se ha informado ampliamente de las jerarquías; y largas conversaciones telefónicas con un médico forense le han puesto al corriente de cómo tenían que ser los informes forenses para utilizarlos en su novela. En alguna ocasión se ha sentido incómodo al temer que sus interlocutores pensaran mal de él, pero su sinceridad se ha impuesto por encima de todo y, terminada la novela, ellos han sido los primeros en leerla; el resultado, aparentemente, les ha agradado y se han sentido halagados por ella.

Pilar, acto seguido, se ha interesado por los retratos psicológicos. En su respuesta Alberto le ha confesado que no se ha documentado con la misma diligencia sobre la psicología de sus personajes que sobre los métodos de investigación; pero, desde luego, el retrato psicológico de algunos de ellos ha seguido las pautas de la lógica y la experiencia, y en ello se ha inspirado en vivencias personales y observaciones puntuales a lo largo de su vida. También en el cine de ciencia ficción. La saga de Star Wars nos proporciona una excelente historia que explica cómo se puede ser buena persona y deslizarse subrepticiamente, sin apenas darse uno cuenta, hacia el lado oscuro de las cosas. Eso es lo que les pasa a sus personajes; que sobrevuelan constantemente la frontera entre el bien y el mal sin que puedan decir a ciencia cierta que han basculado a un lado o a otro de ella (aunque todo el mundo sabe que sus detectives son buenos). La pregunta de Pilar iba también dirigida al manejo de las emociones, para las cuales la lectura de su novela ofrece también algún banco de pruebas. Y le ha agradecido igualmente, después de seguirlo por internet, su posicionamiento claro y decidido a favor de los jóvenes extraviados y de la mujer maltratada.

Porque el problema que subyace como telón de fondo son las redes sociales. No se trata de prescindir de ellas sino de usarlas bien. ¿Por qué algunos de tus personajes se meten inesperadamente en tantos problemas? Por no saber usar sus móviles. Por no asegurar su privacidad en los intercambios. Y por no ser lo suficientemente autocríticos cuando hay alguien que usurpa identidades para conseguir algo. Algunos interlocutores (Margarita, Arancha, Demetrio, Roberto) lanzan en todas direcciones incontables baterías de preguntas. ¿Hasta dónde llega la permisividad con los hijos y los alumnos? ¿Podría utilizarse esta novela como libro de lectura en clase? ¿Es apta para lectores tan jóvenes como los que hay en la ESO? Algunas escenas son duras, y las historias, tan crudas, que quizá pudieran herir la sensibilidad de algunas personas. La respuesta de Alberto es, decididamente, negativa. Él no piensa que su novela contenga episodios de difícil asimilación para los adolescentes; reconoce, desde luego, que en su trabajo con jóvenes de veinte o veintidós años, en la universidad, las reacciones son menos tremebundas y esquemáticas; pero cualquier adolescente, a pesar del chorro de hormonas en que se halla inmerso, tiene capacidad para sentir y comprender todas las problemáticas que eclosionan en su relato.

La conversación oscila entre lo pedagógico y lo literario. Todo el mundo pide la palabra y el tiempo se agota. Cuando nos separamos, porque en algún momento nos tenemos que separar, viene la hora de firmar los libros y hacer fotos. Alberto está dispuesto a volver a nuestra tertulia siempre que le llamamos. Simplemente. Sin pedir nada a cambio. Tiene la seriedad de los viejos y la espontaneidad de los jóvenes, puede hablar al mismo tiempo con rigor en las palabras y relajado en el gesto. Y siempre sazonándolo todo con una sonrisa. Una última pregunta sobre las voces narrativas. Y sobre el estilo. Alberto, ¿utilizas figuras retóricas cuando escribes?

La respuesta es tajante: no me lo propongo. Pero eso no quiere decir que no las utilice. Sé que quiero expresar ideas intensas con palabras ligeras, y las reflexiones que salpican mi narración, en lugar de ser altos en el camino, son parte de la acción: apreciaciones que se hacen a salto de mata, y yo le digo también: pero que quedan. Siembra espontáneamente, en medio de un lenguaje popular, figuras de estilo. A veces son metáforas vulgares. Otras son metáforas poéticas. Cuando le enseño unas cuantas páginas llenas de retórica entresacada de su libro se queda sorprendido: sí sabía que le habían salido algunas, pero no pensaba que tantas. Y así debe ser la literatura: las cosas salen casi sin buscarlas, de manera natural, sin artificios; en un tono sostenido sin ser pedante. Poniéndole un toque de distinción al lenguaje de todos los días.

Mercedes comenta algún efecto que le ha llamado la atención, alguna pista falsa. ¿Cómo puede la acción dilatarse tanto cuando ya parece que todo acaba? Ahí es donde Alberto nos cuenta su secreto. En la primera versión de su novela acudió a la opinión de sus amigos, convirtiéndolos en lectores; y descubrió algunas disfunciones que, sin ser inconsistencias, le quitaban densidad a la obra y mermaban su credibilidad; entonces se obligó a rehacerla por completo (lo que le supuso añadir casi cien páginas más al texto inicial). Un trabajo enorme.

Eso es lo que le decimos. Se lo agradecemos. Esperamos con interés su próxima novela. Nos despedimos con un apretón de manos, nos vamos a tomar una cerveza y se me ocurre dejar aquí, a modo de despedida, algunas de las reflexiones que va dejando, aquí o allá, como hilos sueltos en su novela:

“Goyanes lloró por las dos mujeres, imaginándolas (…) con rostros inventados, los que su mente quiso ponerlas” (p. 157). Así imaginaba también don Quijote a Dulcinea: “píntola como la deseo”.

“El origen [del vídeo] no importaba si el contenido daba para hablar y señalar a alguien” (p. 209).

Sus páginas hablan de un pasado terrible; de un personaje egocéntrico; de la habitación de los horrores; de un loco que se cree cuerdo; de altibajos psicológicos; de cómo la calma puede convertirse en ira, casi sin mediar transición alguna, de la realidad y la apariencia: “toda la ciudad la señalaría con el dedo acusatorio de quienes juzgan a los demás sin mirarse ellos mismos en el espejo” (p. 100).

“Varios cuadros y retratos se repartían por la casa, libres de polvo y cubiertos de nostalgia” (p. 223).

“Era volver a las tinieblas del pasado y reabrir el capítulo de un libro de terror al que al parecer quedaba una segunda parte por escribir” (p. 189).

“Adriana también era una víctima del silencio” (p. 190).

“La realidad llamaba a la puerta” (p. 231); “la rabia de Peralta se podía rozar con la yema de los dedos” (p. 225).

“Lucas Álvarez tiene el perfil abierto y cualquiera puede ver las imágenes. Éste es de los que narra su vida en directo” (p. 183).

En algún momento evoca el inspector “la labor más importante de su trabajo”: “explicar a una familia que nunca más volvería a ver a su ser más querido” (p. 184). Y el villano, para ahondar más en la herida, insiste: “usted se encarga no de evitar muertes, sino de detener a los culpables una vez que el delito ya ha ocurrido” (p. 193). Como si fuera un destino ineluctable no poder evitar los dramas antes de que ocurran.

Goyanes “volvió a la habitación y se quedó mirando fijamente la cuerda que aún colgaba del techo” (p. 226). Goyanes, suspendida en su ensimismamiento en los objetos, como si el pobre personaje fuera absorbido por la historia; la de los otros; la suya propia.

Luego están quienes se aprovechan del trabajo de los otros. Quienes juegan al tute con la justicia. Quienes banalizan la bondad desde el poder, como el comisario jefe: “Calderón siempre tenía la última palabra, la que menos valía” (p. 81); o quienes, como el abogado, pretenden hacer pasar por justicia lo que no es más que picaresca: “abogado, no me toque los cojones” (p. 286).

 

AUTOR: Mariano Martín Isabel, profesor del departamento de filosofía.

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EL SILENCIO DE RAQUEL

 

 

ALBERTO MARTÍN. EL SILENCIO DE RAQUEL 

 

RESUMEN:

Patricia se va con su novio de vacaciones, pero un mensaje inesperado llega a su móvil y lo pone todo patas arriba. A partir de ese momento se sucederán las investigaciones, los asesinatos, los reflejos de una psicología retorcida (entre retratos de un mundo sórdido y destellos de humanidad). Hay una historia trepidante que nos dará sorpresas cuando menos lo esperamos; y hay también, como telón de fondo, una denuncia de los abusos que hacemos con las redes sociales: y de la candidez de muchos jóvenes, que hacen uso de ellas sin llegar a percatarse de sus peligros.

 

VALORACIÓN:

El relato está lleno de vulgarismos e ironía, como corresponde al lenguaje tosco y directo que emplea el investigador policial (un lenguaje sin ornamentos: y por eso mismo tierno, siempre humano, y siempre lleno de empatía). La técnica del narrador omnisciente se conjuga con la visión subjetiva de algunos personajes-narradores, y hay momentos de identificación del narrador con su personaje y momentos en que el lector sabe más que el protagonista. Encontramos muchos saltos hacia adelante (flash-forward), saltos hacia atrás (flash-back), una buena caracterización de los personajes y algunas antítesis y paradojas (“planear cómo matarlas me dio vida”, p. 270; a veces un “desorden controlado” le da el contrapunto a un “ataque de cordura”: pp. 217 y 301, respectivamente). Hay símiles y metáforas (“un policía en un prostíbulo era como un león en una reunión de gacelas”, p. 115; volver a “las tinieblas del pasado”, p. 189; o contemplar las cosas en “fotos congeladas por el tiempo”, p. 223); alguna hipérbole (“el infierno era un lugar agradable en comparación con el club Bahía Azul”: p. 39) y algún epíteto cargado de expresividad (“sentía el denso aliento de su rival”: p. 235). Pero lo importante es que el relato, lleno de intriga y por momentos tenso, está salpicado de reflexiones que retratan la psicología de los personajes y dan, desde las tinieblas de la maldad, una visión amable de la vida. Así, “para la chulería no había mejor antídoto que la determinación” (p. 67) y, cuando fallamos, “no somos peores por eso, somos simplemente humanos, que ya es bastante” (p. 65).

 

PUNTUACIÓN: 9.

 

RECOMENDACIÓN:

Es una investigación policial y un excelente ejercicio para practicar los pasos del método científico. Interesante e instructiva, sobre todo en cuestiones relativas a las redes sociales donde se sumergen los personajes en una “absurda realidad paralela en la que moraban miles de internautas” (p. 33); hay que destacar que es, ante todo, una novela fácil de leer y muy entretenida. Apta para 4º de la E.S.O. y bachillerato.

 

Alberto Martín. El silencio de Raquel. Segovia, Caligrama, 2018.

AUTOR: Mariano Martín Isabel, profesor del departamento de filosofía.

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KNUT HAMSUN. HAMBRE

KNUT HAMSUN. HAMBRE

 

RESUMEN:

Un personaje peculiar, pobre y que pasa hambre, ubicado de repente en una historia que parece que no vive, pero que le toca, de una manera u otra, comprender. Indiferente, muestra su punto de vista a un periódico que le paga unos poco “øre” con tal de ganar algo para comer. Es extremadamente perfeccionista y bueno y eso le lleva a su perdición; busca ser el hombre perfecto, pero lo único que consigue es desconcierto; y así sucesivamente, en una historia plana, con un tema perpetuo y reiterativo, en el que se suceden hechos que hacen pensar al lector, que cae rendido ante la intención del protagonista.

Recomiendo su lectura para llegar a comprenderlo bien.

 

VALORACIÓN:

El hambre es una excusa del autor para lograr expresarse. La historia, narrada en primera persona, es monótona pero a pesar de ello no es para nada aburrida; es más, la historia es interesante y te engancha a pesar de la pobreza argumental.

 

Por otro lado el autor intenta expresar un punto de vista diferente del mundo, dando toques a veces de su opinión personal. Esta opinión tiene que ver con la segunda revolución industrial y la intensa personalidad del autor, que muestra su desconcierto ante la situación que vive. Además, desmenuza el comportamiento de una persona emocionalmente inestable (no por culpa suya, sino porque el mundo no se adapta a él). Así, el personaje principal no da nombres de ninguno de los personajes que conoce y los trata con un apodo; o relaciona gran parte de sus vivencias con objetos o sucesos imaginarios. Además el sentimiento de deseo, cuando no tienes nada (debido al hambre que pasa y su alto nivel de pobreza), el desprecio al trabajo realizado o el cambio del comportamiento de una persona por causa de la sociedad son transformados en esta persona que sufre, por intentar adaptarse convirtiéndose en una horrible pesadilla para el lector. Para que se hagan una idea de la obra es como la Metamorfosis de Kafka, pero vivida de cerca y vista como una realidad.

 

PUNTUACIÓN: 9.

 

RECOMENDACIÓN:

Es una obra magnífica en la que, a partir de un tema muy simple, se crea un libro. No le puedo dar el 10 ya que, al ser opinión personal, comprendo que el argumento simple de la obra puede no gustarle a todo el mundo.

 

Knut Hamsun. Hambre. Ediciones de la Torre, Biblioteca nórdica. 

AUTOR: Rodrigo Salort Antón, alumno de 2º de bachillerato.

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LA TERTULIA LITERARIA. TERCER AÑO

 

 

 

 

LA TERTULIA LITERARIA. TERCER AÑO

 

            Tres años ya. Un pequeño grupo de personas reunidas en torno a los libros. Desgranando las sensibilidades distintas, las técnicas dispares, las perspectivas opuestas. He aquí la panoplia de obras que han caído este año en nuestras manos:

 

  1. Abraham Valdelomar. El caballero Carmelo y El vuelo de los cóndores. (Octubre de 2017).

 

A través de la historia de un gallo de pelea el autor deja flotar un universo delicado lleno de emociones; la sensibilidad, más que la acción, gobierna este universo, y el lenguaje se puebla de adjetivos y de nombres, más que de verbos. Hay una gradación del ensueño a la nostalgia pasando por el frenesí, recorriendo una panoplia de recursos que hoy calificaríamos de cinematográficos (travellings, contrastes de raccord, fundidos). Las gradaciones, las anáforas, las enumeraciones, las prosopopeyas y los diálogos sin palabras manifiestan una atmósfera impresionista fuertemente marcada por la subjetividad.

 

 

  1. César Vallejo. Paco Yunque y El tungsteno. (Noviembre de 2017).

 

La narrativa de Vallejo contrasta fuertemente con la de Valdelomar, por eso hemos elegido a estos dos autores para poder compararlos y contraponerlos. Un relato directo, realista, de contrastes fuertes, donde las cosas aparecen recortadas con perfiles angulosos, donde la crueldad humana es crueldad social y donde Vallejo muestra su lado humano y comprometido.

En Paco Yunque, comprobamos que el absurdo puede erigirse en criterio de verdad, y donde la aliteración y el crescendo pueden marcar momentos determinantes del relato; los momentos de prueba, héroe y falso héroe nos hacen pensar den Propp, y el protagonista se manifiesta como una persona incapaz de actuar porque la dominación y el abuso le anulan la voluntad y la paralizan.

En El tungsteno es un relato cuyo final podría adscribirse al llamado realismo socialista, pero cuyo desarrollo cae más bien bajo el paraguas del indigenismo; algunos fragmentos realmente logrados palidecen, sin embargo, ante un final demasiado dogmático y previsible y, quizá por eso, literariamente poco interesantes. Están presentes aquí Rousseau, Darwin y Marx, y González Prada, y el cristianismo de Vallejo se muestra sin decirse en las bellas imágenes del Cristo indio. El desenlace no surge sólo del nudo, sino sobre todo de la teoría marxista, que es ajena a la trama; y que funciona como un deus ex machina, que resuelve la acción sin haber sido presentada en el planteamiento.

 

 

  1. Vargas Llosa. Los cachorros. (Diciembre de 2017).

 

Un relato de juventud del premio Nobel, un buen compendio de la literatura posterior que desarrollaría el autor. La maduración de unos jóvenes a través de sus aventuras en la escuela, desde los 10 a los 23 años, marcadas por un accidente que generaría un apodo y que marcaría irremediablemente el destino de su protagonista: como en una tragedia griega, en donde el personaje no puede vencer al destino contra el que, sin embargo, lucha. Interesantes deslizamientos de las voces narrativas, figuras de estilo de un crudo realismo (metáforas, metonimias personificaciones, gradaciones en crescendo) y algún que otro recurso que nos recuerda al cine (un flash-forward).

 

  1. Eduardo Galeano. Libro de los abrazos. (Enero de 2018).

 

Éste es un libro de reflexiones que no forman una historia, sino más bien una especie de breviario para sacar enseñanzas sobre la vida, como los poemas de Bertolt Brecht y las parábolas del Evangelio; sólo que sobre un fondo de crítica social; social y política. Se juega ingeniosamente con las palabras, y abrazarse es también “desdudarse” (“arránqueme, señora, las ropas y las dudas. Desnúdeme, desdúdeme”); nombrar es lo mismo que nacer (“llamarme así fue una manera de nacer de nuevo”, a propósito de la perrita Pepa Lumpen); y frente a la dicotomía del decir y mostrar, hay cosas que se muestran diciéndolas (“la droga produce amnesia y otras cosas que no recuerdo”). Hay metáforas interesantes (“silba el viento dentro de mí (…) soy mi cara en el viento, a contraviento, y soy el viento que me golpea la cara”). Hay evocaciones, explícitas o implícitas,  de Manuel Vázquez Montalbán, Carpentier, Hegel, Scherezade al decir, por ejemplo, que “lo real maravilloso” está en el centro de lo real horroroso de América”. La contraposición entre apariencia en realidad confronta a Quevedo, Platón, Machado por un lado y Homero, Nietzsche, Campoamor y también Quevedo, por otro. Y nada retrata mejor a este libro de pensamientos como la nota etimológica de la primera página: “recordar: del latín re-cordis, volver a pasar por el corazón”.

 

 

  1. Anne Melian Schaffer. La sociedad literaria y el pastel de piel de patata. (19 de febrero de 2018).

 

Unos habitantes de una de las islas del Canal de La Mancha crean una sociedad literaria para sobrellevar con algo de ilusión los sinsabores de la Segunda Guerra Mundial; y como no tenían mucho para comer, la hacen girar en torno a un pastel de piel de patata. La crudeza de la realidad es retratada o sugerida a través del gusano tragado por el mirlo (“es repugnante”), del campo de concentración de Ravensbrück, de los trabajadores Todt (adolescentes forzados por los nazis a trabajar hasta la muerte, como Lud, presa del frío, los piojos, los gusanos de la piel, el hambre). También se critica a los propios ingleses, cuando se le reprocha a Churchill que quiera matar de hambre al enemigo matando al amigo también. Una sociedad tan contradictoria es retratada a través de la paradoja (como quitarse la suciedad con el animal sucio: haciendo jabón con la grasa de un cerdo muerto de fiebre aftosa). Las situaciones límite son el marco en el que crece una tierna amistad, literaria y humana, en una historia que no dejará de sorprendernos, marcada por una cita de Séneca: “los pequeños dolores son locuaces, los grandes callan estupefactos”.

 

  1. Alberto Martín. Cuando sopla el viento de levante. (26 de marzo de 2018).

 

Ésta es una novela de intriga, de investigación policial. El incendio de un hotel da lugar a una trama cuyos hilos se pierden en el tiempo, como si el presente dialogara con el pasado desde una simultaneidad extraña. Los saltos cronológicos se manifiestan unas veces por fechas, otras veces por los objetos (una puerta que da al otro lado pero no del espacio, sino del tiempo; una cicatriz, un ascensor, un uniforme…), todo ello sazonado por flashes-back y flashes-forward, o como diríamos más bien, saltos atrás, regresos al futuro y anticipaciones; la prensa, las tapas de los bares, los nombres de los políticos y los deportistas famosos sirven también como fechadores. Hay un vaivén de voces narrativas según las necesidades del relato, continuas contrastaciones de hipótesis y búsquedas de pruebas hasta desembocar en un “creer viendo” que, Paradójicamente, no es la fe; se habla del dolor y se hacen continuos guiños que hacen de este relato un terreno prolífico en intertextos (Heráclito, Borges, Hitchcock, Freud, Byron…). Y lo principal es que se lee de un tirón; para un joven es de esos relatos que te atrapan en su trama, y uno en contra el entretenimiento que había ido a buscar cuando buscaba el libro. Cuando sopla el viento de levante ha sido objeto de una reseña en el blog de la biblioteca y su autor, que vino a la tertulia a departir con nosotros, también fue entrevistado en lagunadelibros.

 

 

  1. William Golding. El señor de las moscas. (Abril de 2018).

 

Nos hemos inclinado sobre este clásico del siglo XX para ver si sigue teniendo todavía algo que decirnos en el mundo de hoy. A partir de un accidente de avión en el que sólo sobreviven los niños y adolescentes, Golding nos da una visión pesimista de la sociedad. El tema de la caverna nos hace pensar en Platón y en el trasunto bíblico de la caída, donde el político y el prisionero son los exponentes de un salvajismo que se mueve entre Hobbes y Rousseau. El pan y el circo transforma la democracia en demagogia, la vista del espejo de la razón se convierte, por efecto de la superstición, en el espejismo de la ceguera, y detrás de las palabras alienta siempre lo innombrable. Cuando el espejo se convierte en una máscara la democracia no es otra cosa sino “palabras y más palabras”. El miedo a la fiera es el camino a la locura, andamos en busca de una protección donde las diferencias entre pedir y robar se esfuman y a lo lejos late la nostalgia de una edad de oro, un paraíso perdido. Las imágenes penetran a fondo en el relato y los epítetos afloran sobre las paradojas y las antítesis. Relato literalmente plagado de sugerencias bíblicas: explícitamente se habla de las lentejas de Esaú.

 

  1. Luis Sepúlveda. Un viejo que leía novelas de amor. (Mayo de 2018).

 

Si El señor de las moscas nos introducía en el universo de Hobbes, este libro nos introduce en el de Rousseau. Es un canto al buen salvaje que se enfrenta al salvajismo de la civilización (uno no puede de dejar de acordarse de Miguel Delibes: El disputado voto del señor Cayo); de una civilización de la que no conoce ni los nombres, y así hay un colono que se llama Alkaseltzer porque así lo había visto en un anuncio, y otro se llama Onecén porque lo había visto en una moneda donde ponía “one cent” y se había creído que ése era el nombre de un dios; y como quien llama “mitigüeso”, desconociendo el lenguaje, a la carabina “Smith and Wesson”.

Un hombre de la sierra se interna en la selva y aprende de los indios shuar el arte de la supervivencia. Aquí aparece la primera de las oposiciones: los mismos selváticos se llaman shuar si viven en la naturaleza, y jíbaros si se han amoldado a la civilización. La llegada de las máquinas representa el desarrollo, pero supone en realidad el salvajismo de quienes no respetan nada (los colonos matan crías de animales mientras que los nativos sólo cazan animales adultos, pescan con dinamita mientras los nativos respetan amorosamente el ecosistema). De todos modos, ambos mundos tienen sus propios salvajismos; el del los shuar consiste en reducir las cabezas de sus enemigos y embadurnar a sus ancianos con miel para que perezcan devorados por las hormigas; la propia selva es salvaje (“selvaje”), pues las hormigas reducen los cuerpos a huesos blancos sin una sola brizna de carne en ellos.

Sólo los libros le dan a la civilización una nota de humanidad. Y a la selva se la da el tigrillo, cuyas crías han sido masacradas por unos humanos sin humanidad. La nobleza de la hembra de tigrillo enfrentándose al cazador y provocando el fin del sufrimiento del macho es la verdadera nota humana de la vida, eje vertebrador de este relato; y, con un trasfondo metafísico, detrás de las formas de los animales late en el inconsciente colectivo ese extraño animal sin presencia y sin figura (que diría San Juan), esa nebulosa forma sin forma, esencia de los animales sin sensaciones; lo que, sin decirlo ni quizá sospecharlo siquiera, nos lleva al universo misterioso donde laten las formas de Platón. Un libro excelente, bien escrito, que nos hace reflexionar sobre lo dudoso de nuestras evidencias más incuestionables.

 

  1. Jack London. Amor a la vida. (Junio de 2018).

 

Amor a la vida es un relato de Jack London donde se plantea lo que significa vivir en situaciones extremas. Si en la muerte no sentimos el dolor, entonces (p. 169) vivir es sufrir; y sin embargo (p. 173), cuando el personaje ya ha perdido “toda capacidad de sentir y emocionarse (…) la vida que latía en su interior le impulsaba a seguir”; puede ser una vida ciega (p. 172: “todo lo que hacía era por puro razonamiento”); hiperbólica (“cuerpos cadavéricos (…) acechándose mutuamente”: p. 175); trágica (“tal vez fuese una completa locura, peo desafiaba a la muerte en sus mismas garras”); pero al final ¿qué es la vida? No es la vida previsora (tomar precauciones para no pasar hambre), ni siquiera es acumular riquezas para ser feliz (todo el oro acumulado por estos aventureros no es más que un fardo que pesa sobre la vida); la vida es misteriosa (si la vida es o vanidad o sufrimiento, ¿por qué se negaba a morir?: p. 169); pero sobre todo instinto, fuerza (p. 176),  voluntad (“esa fuerza sólo se debía a su voluntad”, p. 176, y la más leve “brizna de voluntad” no es más el producto de “alguna extraña alquimia del espíritu”: p. 175). No sabemos por qué vivimos, ni para qué, sólo sabemos que queremos vivir; en eso consiste ese “amor a la vida” que le da el nombre a este relato.

 

La última sesión, después de debatir sobre Jack London, dejó abierta la pregunta por la literatura. ¿Para qué sirve? Es importante leer o más importante es lo que se lee? ¿Sirve la literatura para entretener? ¿O para hacer experimentos? ¿O acaso las dos cosas a la vez? ¿No rechazamos dogmáticamente alguna literatura entretenida ignorando la calidad que esconde, sólo porque entretiene y parece que entretener no es bueno? ¿Cuál es el papel que juega ese otro tipo de literatura que entretiene poco pero, sin embargo, plantea sabiamente cuestiones fundamentales y nuevas formas de expresión? Preguntas todas que esperamos volver a hacernos el año que viene, siempre que se mantenga nuestra tertulia como lo ha venido haciendo hasta ahora. Para despedirnos este año sólo nos ha faltado un poco de buen tiempo para poder hacerlo en la terraza de un bar. 

Mariano Martín Isabel. Profesor del departamento de filosofía.

 

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