Actividades

TEMA DEL MES: MAYO Y JUNIO

 

ANDRÉS LAGUNA, ENTRE LAS CIENCIAS Y LAS LETRAS

            Un científico es alguien que observa las cosas, las analiza y clasifica, las intenta explicar, procura extraer consecuencias de los fenómenos y de las ideas y luego compara las ideas con la realidad, contrastándolas. El Renacimiento es un caldo de cultivo en el que creció la ciencia.

Un humanista es alguien que lee mucho y comenta sus lecturas, viaja con los ojos abiertos para empaparse de lo que pasa por el mundo, aprende de todo y ensancha su cultura; la cultura es el conocimiento crítico de las cosas: si no hay crítica ya no es cultura, sólo es tradición.

            Hay una cultura científica que tiene cada especialista en su terreno; el médico sabe mucho de medicina, el historiador conoce bien el pasado, el músico sabe mucho de música… Pero si, aparte de aquello en lo que cada uno se ha especializado, poco sabe cada uno de lo que saben los demás, podrán ser excelentes especialistas pero les faltará siempre una cultura general; la cultura general es el conjunto de conocimientos compartidos que hacen que todos tengamos cosas en común de las que poder hablar.

            Hay que saber mucho de algo, pero también conviene saber un poco de todo. Leonardo de Vinci era pintor, inventor, arquitecto, anatomista, botánico, escritor, músico, escultor, filósofo: era verdaderamente un espíritu universal. Lo mismo que sólo con el núcleo no se hace una célula si no tenemos citoplasma, tampoco tenemos buenos especialistas si su ciencia no flota sobre una sólida cultura general.

Andrés Laguna era médico, y como médico sabía mucho del cuerpo humano; pero es que también era una excelente persona y como persona tenía buenos sentimientos y era un gran humanista: lo que quiere decir que escribía bien, hablaba bien, sabía de literatura, de pintura, de estar en el mundo, le gustaba viajar mucho y tenía, como resultado de la combinación de todos esos ingredientes, una buen cultura general.

Fue un médico humanista. Si no sabes mucho acerca de un tema, difícilmente podrás tener un trabajo mínimamente interesante, pero si no sabes un poco de todo difícilmente conseguirás que sea interesante tu vida. Un especialista no es una máquina que funciona apretándole una tecla. La ciencia humanista es el camino, y Laguna es el espejo en el que nos podemos mirar.

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LOS DESAFÍOS DE LA EDUCACIÓN MORAL

 

 

 

TEMA DEL MES:

 

 

Si la moral se ocupaba de las costumbres (lo que los latinos llamaban “mores”), la ética se ocupa (del griego “ethos”) del carácter; curiosamente, la moral ha derivado en costumbrismo y de la misma raíz etimológica de donde viene la ética ha aparecido la etología (que estudia las costumbres de los animales).

El costumbrismo es una corriente literaria; autores como Quevedo, Larra, el anónimo autor del Lazarillo o Mesonero Romanos pintan, cada uno en su época, cuadros de costumbres; también lo hacía, en los lugares que visitaba, Heródoto, que hacía gala no tanto de escritor como de geógrafo. Los escritores, los pintores y hasta los músicos han retratado, en sus recreaciones y sus historias, las costumbres del lugar, la sociedad de su tiempo.

            Pero hay un aspecto de las costumbres que también nos interesa aquí: la capacidad que tienen para cambiar a las personas modulando su forma de ser; así lo sentía Aristóteles cuando veía en la tragedia un instrumento de educación al servicio de la moral. Homero era para los griegos un educador: sus personajes simbolizaban virtudes morales (Ulises era la astucia, Penélope la paciencia, Aquiles la cólera), igual que lo hacía el panteón del Olimpo: en el que Heracles representaba la fuerza moral (más que la fuerza física, aunque también); Ares representaba la guerra, Atenea la inteligencia y las musas las artes y las ciencias (pensemos en Urania, musa de la astronomía; en Clío, diosa de la historia; o en Melpómene, diosa de la tragedia). También Esopo educaba la moral de los jóvenes enseñándoles las fábulas; y Jesucristo lo hacía con sus parábolas

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            Hoy enseñamos la ética con nuestros libros de teoría, tan fríos como aburridos: quizá habría que volver a la literatura para buscar en ella sólidos pilares para la enseñanza de la ética; así lo plantea también un aristotélico de nuestro tiempo, el filósofo escocés MacIntyre.

            ¿Hay que enseñar la ética con los tratados teóricos que usamos en nuestros libros? ¿O es más eficaz recurrir a la pintura, la música, el cine, el arte en general y la literatura? ¿Hay que hacer las dos cosas a la vez? Unos creen que vamos por buen camino y otros suponen que no sirve de nada tanta teoría con la ética. ¿Y tú qué piensas?

 

Pica en la pestaña “comentarios” o en “deja un comentario” para dar tu opinión.

 

 

 

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MARZO DE 2019. TEMA DEL MES

 

 

MARZO DE 2019.

 

TEMA DEL MES:

 

 

            Entramos en el mes de marzo. Aprovechando que el día 8 es el día de la mujer te invitamos a que, durante todo el mes, digas lo que quieras sobre la importancia de la mujer en la literatura, la ciencia, la pintura, la historia, la música… en una palabra: en la cultura. Siempre desde el respeto, por supuesto.

Ha habido mujeres creadoras: escritoras como Teresa de Jesús, Rosalía de Castro, Gabriela Mistral, Alfonsina Storni, Virginia Woolf, Safo, Emilia Pardo Bazán, Aurora Dupin, las hermanas Brontë, Cecilia Böhl de Faber; filósofas como Simone Weil, Hannah Harendt, Simone de Beauvoir o María Zambrano (que descubrió la razón poética asomándose a la filosofía desde Segovia); pintoras como Frida Kahlo, científicas como las dos Marie Curie e Hipatía de Alejandría (sobre cuya vida fabuló Alejandro Amenábar en la película Ágora),  o músicas como Clara Schumann, muchas de ellas olvidadas, como María Anna Mozart y un largo etcétera.

También han sido mujeres las protagonistas de algunas de las historias más famosas: Madame Bovary, Ana Karenina, Judith, las amazonas de Platón, la pastora Marcela, la joven de la perla o don Gil de las Calzas verdes.

Artistas como Margarita Xirgú, Greta Garbo, Ingrid Bergmann, Isabel Coixet, Pilar Miró o Lola Herrera.

Y mujeres que han jugado un papel importante en la historia, como Clara Campoamor, Juana de Arco, Golda Meir, Margaret Thatcher, Dolores Ibárruri, Federica Montseny, María Magdalena, Isabel la Católica, las mujeres de Zamarramala, Agustina de Aragón o Aspasia de Mileto; Islandia ha sido gobernada por el partido de las mujeres y todavía no deja de ser uno de los países más felices del mundo.

Y sin embargo el mundo, a través del lenguaje, ha ignorado siempre el mundo femenino. Cuando hablamos de los hombres primitivos muy pocos piensan en las mujeres primitivas. Cuando decimos que los celtas eran guerreros no caemos en la cuenta de que sus mujeres no hacían la guerra. Cuando hablamos de la invención de la agricultura muy pocos saben que fue una auténtica revolución de las mujeres. A la mujer se la ha visto como santa (María) o diabólica (Eva), pero nunca, o pocas veces, como un ser de carne y hueso, con sus virtudes y sus defectos. Hasta el lenguaje parece que se confabula contra ellas cuando, para decir que una película es buena, decimos que estaba “de cojones” y, si era mala, que era “un coñazo”; para que luego digan que no hay que revisar el lenguaje desde una perspectiva de género.

Este mes te invitamos a reflexionar sobre el papel de la mujer en la cultura. Entra en el blog de la biblioteca (“lagunadelibros”, tu blog) y escribe tus reflexiones y comentarios; a ver si cuando acabe el mes tenemos una panoplia de ideas interesantes que nos hagan descubrir cosas nuevas, y cosas insólitas que contribuyan a ensanchar nuestro horizonte.

 

CÓMO HACER:

 1º. Pica en “comentarios”: si se despliegan los comentarios que se han hecho hasta la fecha, hazlos desfilar todos y al final aparecerá un cuadro de texto que dice: “deja aquí tu comentario”; (si, por el contrario, aparece directamente un cuadro de texto, escribe en él).

2º. Pon tu nombre al final de tu intervención, en el mismo cuadro de texto o en el apartado reservado para ello (caso de que el blog te lo pida); si no quieres identificarte no es necesario que lo hagas, pero ten en cuenta que las mejores conversaciones se dan entre personas que se conocen.

3º. Dale a “publicar comentario” y no te preocupes si no aparece nada escrito; habrá que esperar un día antes de que tu comentario sea publicado.

 

Feliz mes de marzo.

 

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ENCUENTRO CON ALBERTO MARTÍN

EN EL INSTITUTO ANDRÉS LAGUNA

DE SEGOVIA

 

El día 14 de enero se reunió la tertulia que, una vez al mes, disecciona una obra literaria que previamente sus participantes han leído. Esta vez se trataba de la tercera novela de Alberto Martín: su título, El silencio de Raquel; subgénero, policial; una característica interesante es que está ambientada en Segovia y el lector que se sumerja en sus páginas paseará por la calle Conde Sepúlveda, el colegio Colmenares, el instituto Andrés Laguna, entrará por la plaza mayor, se internará en la plaza de toros y olerá los bollos recién hechos de la panadería Molinga.

A la cita acudieron unas doce personas, lo que supone una afluencia de público superior a la habitual; es una tertulia muy participativa, y, por lo tanto, requiere que se reúna un número pequeño de personas; esta vez el público asistente, motivado por la presencia del autor, ha desbordado más allá de lo esperado; pero, afortunadamente, sin superar esa línea roja por encima de la cual ya no son fructíferos los intercambios.

Todos los participantes le hicieron preguntas, halagados de compartir este momento con él. Alberto Martín ya compartió el año pasado mesa con nosotros, y en aquella ocasión fue para departir sobre su segunda novela (Cuando sopla el viento de levante). Segoviano, profesor de publicidad en la universidad de Valladolid, muy interesado por los temas relacionados con el uso de las nuevas tecnologías, lector empedernido y escritor de novela policial. Las intervenciones del público fueron desgranando uno por uno algunos de los interrogantes que suscitaba la lectura de esta novela.

En primer lugar se le pidió que se situase dentro del panorama de la novela policial, o de la novela negra. Entre los primeros detectives encontramos a Sherlock Holmes de la mano de Mister Watson; haciendo un recorrido por todos ellos desembocamos, con Manuel Vázquez Montalbán, en el detective Carvallo ayudado por Biscuter: todos tienen en común el ser personajes marginales, acaso más bien marginados, escépticos con la ley pero atraídos por la justicia, amantes de desentrañar misterios y de jugar con todas las pistas como buenos semiólogos, desengañados de la sociedad y amargados en su vida; hay cierto orgullo intelectual y mucho deseo de jugar con la lógica en ellos.

Peralta, por el contrario (Peralta es el investigador que desentraña los hilos de la trama en El silencio de Raquel), es un inspector de policía; su ayudante, Marina Goyanes, es oficial, y desfilan junto a ellos jueces, agentes y forenses; los héroes de Alberto están perfectamente integrados en la sociedad, si bien queda un resto de marginalidad que se reivindica a través de la crítica a sus superiores, a quienes ellos ven como ambiciosos, ególatras y apartados de la ética (tal es el caso del comisario Calderón). Parecen hermanos gemelos de Belvilacqua y Chamorro, los detectives que protagonizan las novelas de Lorenzo Silva. ¿Se considera Alberto Martín un hijo, o por lo menos un heredero, de Lorenzo Silva?

La respuesta es no. Alberto ha leído a Lorenzo Silva, pero no tiene conciencia de haberse inspirado en sus personajes para construir los suyos. A través de sus novelas se muestra el lado amable de la policía, denostada por esos antihéroes que son los detectives de antaño, pero sin ser novelas donde haya una línea clara entre los buenos y los malos; los malos pueden ser personas que sufren, que arrastran tras de sí un pasado terrible (recordemos cuando Fernando Savater explica la crueldad de Frankestein argumentando que es malo porque no es feliz); y entre los buenos florecen, como parásitos, expertos en picaresca dispuestos a aprovecharse sin escrúpulos de los méritos de los otros .

¿Cómo ha obtenido Alberto Martín ese conocimiento tan exhaustivo de los métodos de investigación que utiliza la policía? Ha sido bien sencillo: recurriendo a la misma policía. Ha tenido largas conversaciones con inspectores que le han contado los protocolos, los procedimientos, las formas verbales y paraverbales de hacer los interrogatorios, el trabajo con el juez para autorizar los registros, para visionar las cámaras de seguridad que hay en las calles, para cruzar información de las distintas fuentes; ha hablado con los técnicos adecuados para saber cómo hacen las compañías telefónicas para ubicar en todo momento a sus usuarios, se ha informado ampliamente de las jerarquías; y largas conversaciones telefónicas con un médico forense le han puesto al corriente de cómo tenían que ser los informes forenses para utilizarlos en su novela. En alguna ocasión se ha sentido incómodo al temer que sus interlocutores pensaran mal de él, pero su sinceridad se ha impuesto por encima de todo y, terminada la novela, ellos han sido los primeros en leerla; el resultado, aparentemente, les ha agradado y se han sentido halagados por ella.

Pilar, acto seguido, se ha interesado por los retratos psicológicos. En su respuesta Alberto le ha confesado que no se ha documentado con la misma diligencia sobre la psicología de sus personajes que sobre los métodos de investigación; pero, desde luego, el retrato psicológico de algunos de ellos ha seguido las pautas de la lógica y la experiencia, y en ello se ha inspirado en vivencias personales y observaciones puntuales a lo largo de su vida. También en el cine de ciencia ficción. La saga de Star Wars nos proporciona una excelente historia que explica cómo se puede ser buena persona y deslizarse subrepticiamente, sin apenas darse uno cuenta, hacia el lado oscuro de las cosas. Eso es lo que les pasa a sus personajes; que sobrevuelan constantemente la frontera entre el bien y el mal sin que puedan decir a ciencia cierta que han basculado a un lado o a otro de ella (aunque todo el mundo sabe que sus detectives son buenos). La pregunta de Pilar iba también dirigida al manejo de las emociones, para las cuales la lectura de su novela ofrece también algún banco de pruebas. Y le ha agradecido igualmente, después de seguirlo por internet, su posicionamiento claro y decidido a favor de los jóvenes extraviados y de la mujer maltratada.

Porque el problema que subyace como telón de fondo son las redes sociales. No se trata de prescindir de ellas sino de usarlas bien. ¿Por qué algunos de tus personajes se meten inesperadamente en tantos problemas? Por no saber usar sus móviles. Por no asegurar su privacidad en los intercambios. Y por no ser lo suficientemente autocríticos cuando hay alguien que usurpa identidades para conseguir algo. Algunos interlocutores (Margarita, Arancha, Demetrio, Roberto) lanzan en todas direcciones incontables baterías de preguntas. ¿Hasta dónde llega la permisividad con los hijos y los alumnos? ¿Podría utilizarse esta novela como libro de lectura en clase? ¿Es apta para lectores tan jóvenes como los que hay en la ESO? Algunas escenas son duras, y las historias, tan crudas, que quizá pudieran herir la sensibilidad de algunas personas. La respuesta de Alberto es, decididamente, negativa. Él no piensa que su novela contenga episodios de difícil asimilación para los adolescentes; reconoce, desde luego, que en su trabajo con jóvenes de veinte o veintidós años, en la universidad, las reacciones son menos tremebundas y esquemáticas; pero cualquier adolescente, a pesar del chorro de hormonas en que se halla inmerso, tiene capacidad para sentir y comprender todas las problemáticas que eclosionan en su relato.

La conversación oscila entre lo pedagógico y lo literario. Todo el mundo pide la palabra y el tiempo se agota. Cuando nos separamos, porque en algún momento nos tenemos que separar, viene la hora de firmar los libros y hacer fotos. Alberto está dispuesto a volver a nuestra tertulia siempre que le llamamos. Simplemente. Sin pedir nada a cambio. Tiene la seriedad de los viejos y la espontaneidad de los jóvenes, puede hablar al mismo tiempo con rigor en las palabras y relajado en el gesto. Y siempre sazonándolo todo con una sonrisa. Una última pregunta sobre las voces narrativas. Y sobre el estilo. Alberto, ¿utilizas figuras retóricas cuando escribes?

La respuesta es tajante: no me lo propongo. Pero eso no quiere decir que no las utilice. Sé que quiero expresar ideas intensas con palabras ligeras, y las reflexiones que salpican mi narración, en lugar de ser altos en el camino, son parte de la acción: apreciaciones que se hacen a salto de mata, y yo le digo también: pero que quedan. Siembra espontáneamente, en medio de un lenguaje popular, figuras de estilo. A veces son metáforas vulgares. Otras son metáforas poéticas. Cuando le enseño unas cuantas páginas llenas de retórica entresacada de su libro se queda sorprendido: sí sabía que le habían salido algunas, pero no pensaba que tantas. Y así debe ser la literatura: las cosas salen casi sin buscarlas, de manera natural, sin artificios; en un tono sostenido sin ser pedante. Poniéndole un toque de distinción al lenguaje de todos los días.

Mercedes comenta algún efecto que le ha llamado la atención, alguna pista falsa. ¿Cómo puede la acción dilatarse tanto cuando ya parece que todo acaba? Ahí es donde Alberto nos cuenta su secreto. En la primera versión de su novela acudió a la opinión de sus amigos, convirtiéndolos en lectores; y descubrió algunas disfunciones que, sin ser inconsistencias, le quitaban densidad a la obra y mermaban su credibilidad; entonces se obligó a rehacerla por completo (lo que le supuso añadir casi cien páginas más al texto inicial). Un trabajo enorme.

Eso es lo que le decimos. Se lo agradecemos. Esperamos con interés su próxima novela. Nos despedimos con un apretón de manos, nos vamos a tomar una cerveza y se me ocurre dejar aquí, a modo de despedida, algunas de las reflexiones que va dejando, aquí o allá, como hilos sueltos en su novela:

“Goyanes lloró por las dos mujeres, imaginándolas (…) con rostros inventados, los que su mente quiso ponerlas” (p. 157). Así imaginaba también don Quijote a Dulcinea: “píntola como la deseo”.

“El origen [del vídeo] no importaba si el contenido daba para hablar y señalar a alguien” (p. 209).

Sus páginas hablan de un pasado terrible; de un personaje egocéntrico; de la habitación de los horrores; de un loco que se cree cuerdo; de altibajos psicológicos; de cómo la calma puede convertirse en ira, casi sin mediar transición alguna, de la realidad y la apariencia: “toda la ciudad la señalaría con el dedo acusatorio de quienes juzgan a los demás sin mirarse ellos mismos en el espejo” (p. 100).

“Varios cuadros y retratos se repartían por la casa, libres de polvo y cubiertos de nostalgia” (p. 223).

“Era volver a las tinieblas del pasado y reabrir el capítulo de un libro de terror al que al parecer quedaba una segunda parte por escribir” (p. 189).

“Adriana también era una víctima del silencio” (p. 190).

“La realidad llamaba a la puerta” (p. 231); “la rabia de Peralta se podía rozar con la yema de los dedos” (p. 225).

“Lucas Álvarez tiene el perfil abierto y cualquiera puede ver las imágenes. Éste es de los que narra su vida en directo” (p. 183).

En algún momento evoca el inspector “la labor más importante de su trabajo”: “explicar a una familia que nunca más volvería a ver a su ser más querido” (p. 184). Y el villano, para ahondar más en la herida, insiste: “usted se encarga no de evitar muertes, sino de detener a los culpables una vez que el delito ya ha ocurrido” (p. 193). Como si fuera un destino ineluctable no poder evitar los dramas antes de que ocurran.

Goyanes “volvió a la habitación y se quedó mirando fijamente la cuerda que aún colgaba del techo” (p. 226). Goyanes, suspendida en su ensimismamiento en los objetos, como si el pobre personaje fuera absorbido por la historia; la de los otros; la suya propia.

Luego están quienes se aprovechan del trabajo de los otros. Quienes juegan al tute con la justicia. Quienes banalizan la bondad desde el poder, como el comisario jefe: “Calderón siempre tenía la última palabra, la que menos valía” (p. 81); o quienes, como el abogado, pretenden hacer pasar por justicia lo que no es más que picaresca: “abogado, no me toque los cojones” (p. 286).

 

AUTOR: Mariano Martín Isabel, profesor del departamento de filosofía.

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La cultura nos hace más libres

Entrevista con Clara Luquero¿Mi forma de entender la cultura?... Aquello que nos ayuda a ser más reflexivos, más críticos y, por lo tanto, más libres. Y dentro de la cultura, el libro sigue siendo para mí clave, la piedra angular de la cultura occidental. El ser humano tiene unos condicionantes que son los límites espaciales y temporales, el libro nos permite esquivar esos límites porque nos lleva a todas las épocas posibles, reales e imaginarias. Para mí la lectura es un ejercicio de recreación, el autor crea y el lector recrea”.

Esta reflexión la hemos escuchado de boca de la primera dama de la ciudad de Segovia, de su alcaldesa, Clara Luquero.

Nos ha recibido en “la casa de todos“, abierta a sus ciudadanos, pequeños y grandes, portando la única llave de entrada necesaria, el DNI. Cálida acogida, atención personalizada y tiempo sincero para unos alumnos de 4ºESO con ganas de saber.

Mis géneros favoritos son la poesía, la novela, la ficción principalmente. Antonio Machado, Pablo Neruda y María Zambrano me acompañan en esos escasos espacios libres, debido a las responsabilidades del cargo, que dedico a la relectura. Leo en formato de libro de papel ya que en sí mismo tiene un valor propio. Me encanta entrar en una biblioteca y oler a libro. Aunque no descarto otros formatos ya que si estos medios tecnológicos permiten llevar la lectura a todo el mundo son un instrumento que permite democratizar la lectura.”

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Cuento ilustrado

PORTADA Rayas aquel que quiso viajar y no pasó del felpudo

Mariana Cantero, exalumna de nuestro centro, presentó su cuento ilustrado Rayas: aquel que quiso viajar y no pasó del felpudo. Premio de Cuentos ilustrados de la Diputación de Badajoz en su XVII edición de 2014. Con esta obra obtuvo el primer premio de la modalidad infantil.

Si queréis saber más acerca del libro en este Enlaces webdescubriréis quién es la autora y algunas ilustraciones más que Mariana ha subido a su página de Logo Facebook. También lo podréis tomar en préstamo en la biblioteca.

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Novena edición de BCNegra

Cartel BCNegra 2014Barcelona acoge la Semana de la BCNegra del 30 de enero al 8 de febrero.

Si nos acercamos a la página web del Ayuntamiento de Barcelona en su sección de Cultura nos enteramos de que se trata de un encuentro multidisciplinar en torno a la NOVELA NEGRA que este año ofrece más de 60 actividades gratuitas entre mesas redondas, conversaciones, clubes de lectura, exposiciones, intercambios de libros, encuentros con escritores y un ciclo de cine negro.

Entre los numerosos actos, destaca especialmente la entrega del IX Premio Pepe Carvalho al autor siciliano Andrea Camilleri, creador de la saga de libros del comisario Montalbano y uno de los representantes más genuinos de la novela negra mediterránea.

En cuanto a las conferencias y mesas redondas, se abordaran temáticas tan distintas como: las intrigas vaticanas, la corrupción, el periodismo de sucesos, los métodos detectivescos, las falsificaciones en el arte, el urbanismo y su relación con el crimen o, entre otras, la violencia machista. La mesa de los debutantes (con autores que han escrito su primera novela negrocriminal) y la charla en relación a las prospectivas de futuro de este tipo de literatura son algunos de los actos más esperados.

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Campaña “Libros a la calle” en Metro y Cercanías de Madrid

Textos de autores como Cortázar, Ramón Gómez de la Serna, Caballero Bonald y Pedro Zarraluki en los trenes
http://www.vialibre-ffe.com/noticias.asp?not=11780&cs=oper
Libros_a_la_Calle_MetroMadridLa Comunidad de Madrid y la Asociación de Editores de Madrid han presentado la décimo séptima edición de la campaña anual de fomento de la lectura “Libros a la calle”, que situará 15.000 láminas adhesivas con fragmentos literarios en los trenes del metro y del núcleo de Cercanías de Madrid.

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