Lecturas ilustradas

El tiempo en “El príncipe de la niebla”

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Ana Sen, alumna de 1ºESO, tras escuchar, en la clase de Plástica, este texto que a continuación reproducimos, tomó unas notas y dejó volar su imaginación…

 ¡Mira cómo ha quedado! (Las palabras resaltadas son aquellas que Ana ha tomado como referencia).

Habrían de pasar muchos años antes de que Max olvidara el verano en que descubrió, casi por casualidad, la magia. Corría el año 1943 y los vientos de la guerra arrastraban al mundo corriente abajo, sin remedio. A mediados de junio, el día en que Max cumplió los trece años, su padre, relojero e inventor a ratos perdidos, reunió a la familia en el salón y les anunció que aquél era el último día que pasarían en la que había sido su casa en los últimos diez años. La familia se mudaba a la costa, lejos de la ciudad y de la guerra, a una casa junto a la playa de un pequeño pueblecito a orillas del Atlántico.

La noche de su cumpleaños Max no pegó ojo. Mientras los demás dormían, esperó la fatal llegada de aquel amanecer que habría de marcar la despedida final del pequeño universo que se había forjado a lo largo de los años. Pasó las horas en silencio, tendido en la cama con la mirada perdida en las sombras azules que danzaban en el techo de su habitación, como si esperase ver en ellas un oráculo capaz de dibujar su destino a partir de aquel día. Sostenía en su mano el reloj que su padre había hecho para él. Las lunas sonrientes de la esfera brillaban en la penumbra nocturna. (…)

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