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ENCUENTRO CON MARIANO FUENTE BLANCO

 

ENCUENTRO CON MARIANO FUENTE BLANCO

1. 

 

Mariano Fuente Blanco es profesor de literatura. Y de lengua. Su amor por la literatura le ha hecho tejer una bella historia; su amor por la lengua, ambientarla perfectamente en el siglo XV, pues sus personajes hablan y piensan con las palabras y los giros de la época. El resultado es Últimos días de Adonay en la ciudad menguante: Adonay es el dios de los judíos, pero representa aquí al pueblo judío que vive en Sefarad; la ciudad menguante (que es Segovia) es aquella que “abandona a su suerte a un tercio de sus hijos” y por eso no merece “las hermosas palabras de madre o de patria” (p. 198); y los últimos días se refieren a la ruptura de la convivencia en un mundo donde, para apuntalar su poder, la reina católica decide expulsar a los judíos sirviéndose del hacer implacable de la Inquisición. Mariano Fuente se ha jubilado hace menos de dos años y el resultado de ese tiempo ganado al tiempo es esta magnífica obra que acaba de publicar; es de esperar que cada año que pase nos regale puntualmente alguna de sus novelas. Nuestra tertulia literaria ha querido conversar con él y él se ha prestado amablemente al juego de las preguntas y las respuestas; era el día 28 de octubre del año 2019.

Todo empezó con una breve exposición del libro por parte del autor; de su trabajo de creación, sus motivaciones y sus anhelos; así fue como nos enteramos de que Abraham de Cárdaba, el protagonista, toma su nombre de un pueblecito que hay muy cerca de la tierra de donde el autor es oriundo: Valtiendas. Luego siguió un turno de preguntas y respuestas que se prolongó a lo largo de hora y media, pero podría muy bien haberse prolongado más. La buena impresión que dejó la lectura se ratificó en los intercambios que acabaron arrojando luz no sólo sobre la obra, sino también sobre el escritor mismo. Y sobre el trabajo meticuloso que ha hecho sobre la lengua, como hemos visto antes. Aconsejado por Bonifacio Bartolomé Herrero, encargado del archivo de la catedral de Segovia, ha buscado en el Fontes iudaeorum regni castellae, especialmente en su tercer tomo, para empaparse literalmente, como si de una inmersión lingüística se tratara, del hablar de la época; ha descartado las voces que estuvieran documentadas con posterioridad al siglo XV (por ejemplo, se ha visto obligado a usar “sino” en lugar de “destino”); el diccionario de Corominas, sí, pero también La Celestina, el Lazarillo y el Quijote, le han servido para sumergirse en el universo de voces, giros, exclamaciones y pensamientos que retratan cabalmente la España del siglo XV.

Y no sólo ha habido un excelente trabajo sobre el idioma. También ha recurrido el autor a fuentes históricas para restituir urbanísticamente la Segovia de los Reyes Católicos. Demetrio Martín, uno de nuestros contertulios, coincidió con él en la búsqueda apasionada de los lugares y los nombres; lugares ya desaparecidos, nombres que hoy tienen otro nombre; mostró unos bocetos que él mismo había hecho a vuelapluma sobre lo que sería un plano contextualizado de la ciudad de la época, y se enzarzó con el autor en un rosario de reconocimientos en donde todo fueron coincidencias entre los dos; los nombres, como si fueran estratos lingüísticos, aparecían debajo de otros nombres descubriendo lo que estaba oculto para llegar a hacer elocuente el silencio.

Precisamente el capítulo 1 de la novela habla de los nombres. Unas veces los nombres son indiferentes y no tienen ninguna influencia sobre las personas; otras (Vladi, Boris, Angustias, Kevin, Jonathan o Rebeca) son proyecciones de los padres sobre los hijos y hacen de los hijos espejos de las obsesiones de sus padres; y otras son escudos de protección frente a agresiones exteriores como cuando Abraham Seneor acaba llamándose Fernán Pérez Coronel: simplemente para que las sospechas y delaciones no den con él en los calabozos de la Inquisición, por judaizante.

La charla discurre por muchos derroteros y se hace cada vez más amena e interesante. Pero para relatar lo que allí sucedió quizá convenga hacer un alto en el camino; una pausa para hablar de la obra, como un túnel en mitad del camino, antes de salir al otro lado y seguir hablando del curso de nuestra conversación.

 

2. 

            La novela es a la vez sencilla y densa; tan sencilla que todo el mundo la puede entender (pues que se expresa en el lenguaje de la gente llana); y tan densa que uno tiene la impresión de que en ella caben todos los temas, de que todo es importante: la vida, la escritura, la historia, la tolerancia, los mitos y las leyendas (sobre todo de origen bíblico), la ética y la crítica a la religión… La historia sencilla de un hombre sencillo, exenta de peripecias, contiene la más recóndita complejidad de la vida como toda la física cuántica cabe en la insignificancia de un átomo; ya advertía Bécquer que, cuando se está enamorado, un libro cabe en un verso. El clamor del destierro nos trae, más que ecos bíblicos, el impresionante coro del Nabucco de Verdi: “cuando me disponía a volver a la ciudad empezaron a rezar. Un estremecedor clamor se elevó de la boca de los gimientes (…) Era el último destello de nuestra presencia en Segovia. Nos estábamos apagando” (p. 164); después (p. 167) “la ciudad se quedó suspendida en el silencio (…) Como si hubiera pasado un ángel sordo vertiendo cera en los oídos de los vivos y de los muertos”.

Algunas leyendas (el ángel exterminador, la cena del rey Baltasar, el gólem) proceden del judaísmo que se contiene en el Antiguo Testamento; otras (como asistir al entierro de sí mismo) no pueden dejar de recordar al Espronceda de El estudiante de Salamanca; la cerca de la judería (“esta cerca de ocho arcos (…) que nos convertirá en sombras”, p. 80) tiene reminiscencias, involuntarias o no, del Hades del mundo griego; en fin la leyenda del Corpus da pie a un conato de crítica religiosa cuando el autor pone en boca de su personaje la más atinada de las consideraciones: “el escándalo –milagro lo llaman los cristianos-“ (pp. 190-191), dice. Todo el libro se resume en dos palabras que se necesitan como el anverso y el reverso de una medalla: una infinita compasión por el sufrimiento que causan en la gente humilde quienes mandan, y una llamada a la razón como abanderada del corazón para curar, y si es posible prevenir, los infortunios que recaen sobre los inocentes; en más de un lugar el autor identifica la razón con la justicia, y aclara, por si fuera preciso, para quien no lo entienda (p. 212): “la justicia está más allá de las leyes”.

Con todo el pensamiento que se desgrana hoja por hoja se podría reconstruir una filosofía; y hasta muchas filosofías contradictorias. Está (Marx) la alienación de “defender aquello en lo que no se cree” (p. 132); la distorsión de las personalidades múltiples, patología bien conocida de los psicólogos, que desgarran al paciente entre vivencias inauténticas (“¿cómo se puede ser cristiano de día (…) y judío de noche (…)? Nadie puede vivir a la vez dos vidas sin enloquecer”: p. 132). Está la huella indeleble de Don Quijote (p. 205: “yo soy mi propia ley”, que nos remite a Kant: pues “propia” en griego es “autos” y “ley” se dice “nomos”: autonomía, la clave de bóveda de todo el edificio kantiano que Cervantes resume nietzscheanamente: “sus fueros, sus bríos”). Está Sócrates (“no contradigo a nadie hasta que no oigo sus razones”, p. 220), está Aristóteles (p. 222: “yo soy la tierra en que vivo”), está Nietzsche reivindicando el dolor como estimulante de la voluntad frente a un hedonismo indolente (“faltó la costumbre de luchar, porque mi vida era demasiado complaciente”: p. 219). Y todo es una llamada a la tolerancia: “Cristo dice verdades que yo creía antes de creer en él”, p. 203; “lo importante es la ley, no sus ministros” (p. 203); o “Dios y Adonay no son tan distintos” (p. 204); lo que nos recuerda a Andrés Laguna clamando contra las guerras de religión, donde la gente se bate por la misma cruz pintada en las banderas de distinto color. Y todo es un alegato contra las tribus en aras del cosmopolitismo: porque lo mismo que “lo monstruoso y lo aborrecible medran en cualquier ley, cualquier tierra y en cualquier clima” (p. 206), igual podemos decir que “entre los judíos, como entre los cristianos, también hay inocentes” (p. 216). Al final todo se resuelve en el imperativo categórico, y volvemos a Kant: “Don Justo”, dice el protagonista, “me trató tan bien como yo le hubiera tratado a él” (p. 148); esto es lo mismo que predica el judaísmo: “no hace falta estudiar para saber que tienes que tratar a los demás como quieres que te traten a ti (…). Ésta es la única ley: lo demás es comentario” (pp. 220-221), dice el rabí Hillel; lo mismo defiende el cristianismo, p. 223: “la ley del sabio Hillel es la del amor al prójimo que predicó el Cristo”; que, en versión laica, es idéntica al imperativo kantiano y a la voz de la conciencia que reivindicaba Sócrates: “la de las certezas que brotan de mi corazón”.

Cuando no se respeta ese sencillo principio todos los edificios, laicos y religiosos, se desmoronan: entonces la sociedad se disuelve como la madera bajo la carcoma, se rompe la convivencia y el individuo se queda aislado, perseguido y condenado al silencio; así le pasa al protagonista de 1974, vigilado hasta cuando escribe y cuando piensa; por eso escribir, como leer, es un acto de rebeldía. “Todo el Reino es un edificio tan carcomido como yo mismo (…) Una presencia sin alma si sus mejores hombres y (…) mujeres están paralizados por el miedo, (…) la tristeza, (…) el abuso” (p. 197). La sociedad se atomiza cuando el pueblo se transforma en populacho, que el autor caracteriza como presencia de “los resentidos, los envidiosos, los más humillados y embrutecidos” (pp. 118-119), y su efecto es doble: por un lado es vida sin alma (p. 151) y por otro ·”Maldad” que sale “victoriosa contra la Razón y la Justicia” (p. 52), de donde se deduce que la Bondad (así, con mayúscula) es la Razón. Hay un sesgo platónico en la afirmación de una Justicia ideal por encima de todas las justicias que encontramos en la realidad; esta diferencia entre lo puro y lo impuro se caracteriza, respectivamente, igual que lo encontramos en Platón, con la mayúscula y la minúscula.

Eso le pasa a la sociedad. A las personas les pasa que, como el Nosferratu de Bram Stoker (qué coincidencia que Bram, diminutivo de Abraham, sea también el nombre del protagonista de nuestra novela), sean a la vez seres que han muerto como personas pero siguen viviendo como individuos; como dice Mariano Fuente, “morir nuestra amada” (p. 146) es lo mismo que “ser uno más”; sus propios hijos, sobre todo Samuel, empiezan a ser corroídos por la carcoma de la intolerancia (en este caso no de la Inquisición, sino de la sinagoga) cuando borran a su padre de sus vidas por haberse convertido; porque no saben que “el amor está por encima de las creencias” (p. 136); y no pueden comprender que, si Segovia es para ellos Jerusalén (como lo siente su padre), quedarse es seguir siendo judío (p. 126); y no han descubierto todavía que, si la ley de Dios es la misma que la de Adonay, convertirse no es traicionarse, sino reencontrarse auténticamente consigo mismo por encima de los ritos, de los templos y las apariencias. Quienes no lo entienden así condenan a quienes se convierten a convertirse en no-muertos, hoy diríamos, más que muertos en vida, “muertos vivientes”, o, como dicen los judíos, “gólems”. “Y fue así como pasé a ser otra persona sin dejar de ser la que había sido siempre” (p. 1452): un ser alienado, como diría Marx; un ser inauténtico, como diría Heidegger. “Fue un tiempo muy largo y oscuro. Todos los días eran idénticos al anterior y al posterior, sin sol ni luna. Algunos de ellos los pasaba deseando la muerte para salir de aquella modorra vana en que se había convertido mi vida” (p. 169).

Todas estas consideraciones convierten Últimos días de Adonay en la ciudad menguante en algo muy parecido a un evangelio: cuenta una historia sencilla, sin peripecias rocambolescas, y al mismo tiempo transmite una doctrina (sobre todo en su segunda mitad). Y lo hace utilizando analogías, como las parábolas. La escuela de la intolerancia está en manos del “rabí de mozos (…) seco como la mojama que no dudaba en golpearnos” (p. 26); y que era, expresándolo con anáforas, “un maestro demasiado riguroso en un lugar demasiado oscuro, para un niño demasiado pequeño” (p. 26). La carcoma se expresa con asíndeton: “multiplicando las discordias, vecinos contra vecinos, familias contra familias, padres contra hijos, marido contra mujer” (p. 81); porque aparece como un fulgor vertiginoso que nos condena a la lentitud desesperante que expresa el polisíndeton: “apenas comía ni dormía pero no me importaba porque no sentía el cansancio ni la sed ni el hambre ni el sueño ni ningún placer ni ningún dolor aparte de su ausencia insoportable” (p. 170); entre la causa y sus efectos se incrusta una gradación destructora (“con los tormentos”, p. 108, “cada uno habrá declarado contra sí mismo, luego unos contra otros y al final todos contra todos”). La mayor parte de los recursos son analogías, imágenes, ya en forma de símiles, ya de metáforas: “mi vida se derrumbó de repente como una casa carcomida” (p. 147); “la comitiva” (estamos hablando del destierro) “comenzó a moverse lentamente como una yunta de bueyes que cabecean bajo el yugo” (p. 166); “soy uno que se mantiene en pie cuando la mayoría besa los pies de La Bestia” (p. 171); “miro mi cara en los espejos arrumbados: como raíces venenosas las arrugas se van extendiendo por mi rostro” (p. 185); a veces una prosopopeya (p. 199: “la ruina avanza sobre la ciudad como una maldición o una peste”), una hipérbole (“Doña Isabel”, se refiere, p. 112, a la reina Católica, “presumía de que ni las hojas de los árboles se movían sin su consentimiento”). Una sinestesia (“en la casa había un silencio espeso que me aterraba”, p. 139). Como Ossian, como Pascual Duarte, como el Quijote, el libro está construido sobre el recurso del manuscrito encontrado; y el autor nos engaña doblemente, pues en los agradecimientos menciona a Bonifacio Bartolomé Herrero, encargado del archivo de la catedral de Segovia, lo que nos hace creer que el manuscrito encontrado existe; y lo que en realidad está agradeciendo son los documentos recomendados para aprender a dominar al lenguaje del Renacimiento; podríamos concluir diciendo que la historia no es verdadera pero sí auténtica; el texto no fue escrito en el siglo XV, pero es un texto del siglo XV hasta el tuétano de los huesos.

Podríamos decir muchas cosas todavía, pero hay que concluir. No quiero dejar de destacar una curiosa coincidencia: cómo el expolio se constituye, sin querer, en imagen negativa de la razón poética; “yo mismo compré sin buscarlas”, dice uno de los personajes (p. 158) “cosas que los desesperados me ofrecieron por la calle al precio que me pidieron”; la razón que se construye en María Zambrano también consiste en encontrar sin buscar; es un don que se posee con independencia del mérito; “escribir como yo lo hacía”, dice el protagonista, “no era un mérito mío del que sentirme ufano sino un don que debía regalar a los demás” (p. 188); esta feliz coincidencia en la ciudad de Segovia, escuela, si no cuna, de Zambrano, entronca sin duda con el sentir del propio autor que se descubre tocado por la  musa; y consciente de que es un don, que le ha sido dado por la naturaleza, deja claro que la misión del escritor no es presumir de él y regodearse en la pedantería, sino regalárselo a quienes han nacido sin ese don. Eso nos remite al último de los temas que evocaremos aquí: la necesidad de hablar por los que no tienen voz.

Todo el relato se entiende desde la prohibición de escribir que establece la Inquisición. La escritura (ya en la página 19) nos restituye la integridad, y toda la novela es el relato sereno que el protagonista hace de su propia vida; lo hace desde una triple profesión, el empirismo, el racionalismo y el emotivismo, en los que se aúnan las figuras de Hume, Descartes y San Agustín: “creo únicamente lo que ven mis ojos, lo que se ordena en mi cabeza y lo que siente mi corazón. Y no siempre” (p. 187); porque la verdad es correspondencia (Aristóteles), coherencia (Euclides) y amor (Don Quijote y San Agustín). ¿Y cómo se transmiten las verdades? Recurriendo a los tres grados en los que se presenta el conocimiento: lo que sé, lo que deducimos y la interpretación del interlocutor (Ortega y Gasset); “lo más indicado es que cuente por menudo lo que sé, que exponga lo que Sara y yo dedujimos y que deje a la interpretación del lector lo que no sabemos” (p. 95); el empirismo y el racionalismo se deben completar con el perspectivismo.

Todo desemboca en una metodología muy parecida a lo que fueron las confesiones de San Agustín. “¿Por qué escribo a la luz de un candil?” (p. 216), se pregunta el protagonista, y se contesta así mismo (p. 218): “éste es el tiempo para repasar los buenos y malos pasos de mi vida (…) ahora ese el momento en que hablo con estas páginas”. Lo mueve un triple propósito: contar las cosas, llegar a las causas y luchar por la causa; describir, explicar y prescribir; “cuando comencé a escribir sólo quería referir ciertos momentos de mi vida (…) pero los renglones y los días me han llevado de una cosa a otra hasta descubrir la causa por la que (…) agarraba la pluma y el tintero con la pasión con que un caminante sediento se inclina sobre una fuente”; luego “supe que mis palabras me habían llevado (…) más allá de mi propia historia”, hasta el libro de los Proverbios: “abre tu boca, juzga con justicia, y defiende la causa del pobre y del menesteroso” (p. 222); por eso descubrió que “era necesario ejercer sin pérdida de tiempo el único talento con que nací” (p. 223). En una época (pp. 178-180) en que arden los libros, esos tesoros escritos, y por culpa de los incendiarios se extiende, con el resplandor de los libros, el olor del pergamino. En una época marcada por el crimen de leer, hasta La Biblia ardía si no era la Vulgata. La vida es ignorancia si crece en medio del crimen de leer. Y… sí: cuando el soporte desaparece es cuando el mensaje brilla más, porque los libros resplandecen, mal que pese a quien los quema, allí donde los pergaminos se hacen polvo y desaparecen en la nada.

 

3. 

 

El personaje es un pendolista. Un artesano encargado de escribir con letras artísticas. Pero cuando la prohibición de leer se abate sobre las personas surge, inesperadamente, una nueva dimensión de la escritura: la transmisión de ideas y sentimientos; la denuncia; el interés por el mensaje que transportan los signos; el interés por el significado se transfiere a sus significantes; ahí es donde el fuego quema las letras, pero alumbra las palabras con su resplandor. Ésta y otras cosas se dijeron en la tertulia. Se habló del Cantar de los cantares y del Eclesiastés, poesía pura, poesía mística; y de la cara menos amable de la Biblia (los Números, el Levítico); y de que todo San Juan de la Cruz está en el Cantar de los cantares; y en el libro de los Proverbios está contenido, acaso a pesar de Cervantes, el Quijote. Los tertulianos hicieron preguntas que el autor contestó sobre voces arcaicas que unos y otros habían oído en sus pueblos; como, por ejemplo, que en el siglo XV no se decía “traductor” sino “truchimán”. Y no se habló, pero el asunto quedó en el aire, del espacio que le queda a la libertad cuando nos absorben los determinismos de la época; sobre todo en tiempos de infamia como los que aquí se retratan; Mariano Fuente habló de “sentirse libre dentro de lo que te toca” sin pensar que esa expresión fue reformulada por Sartre (“libertad es lo que yo hago con lo que han hecho de mí”). En fin, cada uno tuvimos la sensación de que todas las filosofías, hasta las más complicadas, están de modo intuitivo en las expresiones más sencillas (y quizá, por eso, más contundentes) de la gente anónima, llana y pobre. Cuando nos despedimos tuvimos la sensación de haber estado un peldaño por encima de las cosas intrascendentes y vanas; y yo pienso, por mi parte, que en Adonay… tenemos, si Dios no lo remedia, un hito que habrá que tener en cuenta en las letras hispanas del siglo XXI; si me equivoco me corto la oreja.

 

AUTOR: Mariano Martín Isabel, profesor del departamento de filosofía.

 

 

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EL SILENCIO DE RAQUEL

 

 

ALBERTO MARTÍN. EL SILENCIO DE RAQUEL 

 

RESUMEN:

Patricia se va con su novio de vacaciones, pero un mensaje inesperado llega a su móvil y lo pone todo patas arriba. A partir de ese momento se sucederán las investigaciones, los asesinatos, los reflejos de una psicología retorcida (entre retratos de un mundo sórdido y destellos de humanidad). Hay una historia trepidante que nos dará sorpresas cuando menos lo esperamos; y hay también, como telón de fondo, una denuncia de los abusos que hacemos con las redes sociales: y de la candidez de muchos jóvenes, que hacen uso de ellas sin llegar a percatarse de sus peligros.

 

VALORACIÓN:

El relato está lleno de vulgarismos e ironía, como corresponde al lenguaje tosco y directo que emplea el investigador policial (un lenguaje sin ornamentos: y por eso mismo tierno, siempre humano, y siempre lleno de empatía). La técnica del narrador omnisciente se conjuga con la visión subjetiva de algunos personajes-narradores, y hay momentos de identificación del narrador con su personaje y momentos en que el lector sabe más que el protagonista. Encontramos muchos saltos hacia adelante (flash-forward), saltos hacia atrás (flash-back), una buena caracterización de los personajes y algunas antítesis y paradojas (“planear cómo matarlas me dio vida”, p. 270; a veces un “desorden controlado” le da el contrapunto a un “ataque de cordura”: pp. 217 y 301, respectivamente). Hay símiles y metáforas (“un policía en un prostíbulo era como un león en una reunión de gacelas”, p. 115; volver a “las tinieblas del pasado”, p. 189; o contemplar las cosas en “fotos congeladas por el tiempo”, p. 223); alguna hipérbole (“el infierno era un lugar agradable en comparación con el club Bahía Azul”: p. 39) y algún epíteto cargado de expresividad (“sentía el denso aliento de su rival”: p. 235). Pero lo importante es que el relato, lleno de intriga y por momentos tenso, está salpicado de reflexiones que retratan la psicología de los personajes y dan, desde las tinieblas de la maldad, una visión amable de la vida. Así, “para la chulería no había mejor antídoto que la determinación” (p. 67) y, cuando fallamos, “no somos peores por eso, somos simplemente humanos, que ya es bastante” (p. 65).

 

PUNTUACIÓN: 9.

 

RECOMENDACIÓN:

Es una investigación policial y un excelente ejercicio para practicar los pasos del método científico. Interesante e instructiva, sobre todo en cuestiones relativas a las redes sociales donde se sumergen los personajes en una “absurda realidad paralela en la que moraban miles de internautas” (p. 33); hay que destacar que es, ante todo, una novela fácil de leer y muy entretenida. Apta para 4º de la E.S.O. y bachillerato.

 

Alberto Martín. El silencio de Raquel. Segovia, Caligrama, 2018.

AUTOR: Mariano Martín Isabel, profesor del departamento de filosofía.

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La chica del tren

Paula Hawkins (2015) La chica del tren, Planeta

 

Portada La chica del trenRESUMEN:

Cada día, Rachel coge el tren a las 8.04 con destino a Londres. Y cada día se sienta al lado de la ventanilla para poder contemplar el paisaje, las casas de Blenheim Road. Cuando el tren se va acercando a la número 14, este se detiene lentamente en un cruce donde el semáforo, normalmente, está en rojo. Su mente inventa vidas y nombres para los vecinos, como el de Jess y Jason, enamorados, felices, triunfadores. Vidas perfectas. Sin embargo, aún no puede mirar la del número 23, demasiados recuerdos de la que fue su primera casa, la que compartía con Tom, su exmarido.

Pero todo cambia cuando en uno de esos viajes la protagonista ve algo extraño, un hombre, que no es Jason, en actitud cariñosa en el jardín con Jess. A partir de entonces nada volverá a ser como Rachel lo había conocido, tendrá que luchar contra su adicción al alcohol para poder ayudar a esclarecer una desaparición, un crimen… Todo esto con el intento de averiguar qué vio el día de la desaparición de Jess, cuyo nombre real es Megan Hipwell, porque por mucho que lo intenta no se acuerda.

Los diferentes puntos de vista de la historia nos contarán cómo sucedieron los hechos desde las perspectivas de tres de sus protagonistas: Rachel, Megan y Anna.

 

VALORACIÓN:

La chica del tren es un libro muy interesante, consigue engancharte desde la primera página por su misterio. Por cierto, que no es como el de otros libros que he leído hasta ahora porque como tienes distintos puntos de vista, el lector sabe lo que está pasando, o cree saberlo, en todo momento, aunque con la evolución de la historia aparecen nuevos enigmas que trastocan la versión de las protagonistas.

El libro está escrito en primera persona, con las voces de Rachel, que es la principal; Megan, que es la Jess imaginada de la primera y Anna, que es la persona quien ‘‘acabó’’ con el matrimonio de Rachel.

Desde el principio nos sitúa en los alrededores de LondresPortada de La chica del tren en versión de los EEUU en el verano de 2013. Como la acción se sitúa tan próxima a nuestro presente es un elemento más para  engancharte.

El tren sigue avanzando poco a poco y pasa delante de almacenes, torres de agua, puentes y cobertizos. También de modestas casas victorianas con la espalda vuelta a las vías. Con la cabeza apoyada en la ventanilla del vagón veo pasar estas casas como si se tratara del travelling de una película. Nadie más las ve así; seguramente, ni siquiera sus propietarios las ven desde esta perspectiva. Dos veces al día, solo por un momento, tengo la posibilidad de echar un vistazo a otras vidas. Hay algo reconfortante en el hecho de ver a personas desconocidas en la seguridad de sus casas”.

Con este comienzo podría no resultar atractiva su lectura, pero la inclusión del personaje de Megan ofrece un punto de vista muy clarificador, pues nos pone en antecedentes. Con ella la historia se retrasa en un año, mayo de 2012, ofrece otra línea temporal:

Portada La chica del tren en portugués de BrasilAñoro mis días en la galería, arreglada, peinada, hablando con adultos sobre arte, películas o sobre nada en particular. Nada en particular sería un progreso respecto a mis conversaciones con Anna. ¡Qué aburrida es, por Dios! Probablemente, antes tenía alguna cosa que contar, pero ahora solo habla del bebé (…) Salgo de casa u recorro los cincuenta metros que separan nuestra vivienda de la suya, en la misma Blenheim Road. Lo hago sin prisa. Hoy no es ella quien me abre la puerta, sino el marido, Tom, todo trajeado y a punto de marcharse al trabajo. Con traje tiene buen aspecto; no tanto como Scott, pero no está mal (…) Me ofrece su amplia sonrisa a lo Tom Cruise y luego se marcha, de modo que me quedo con Anna y el bebé”.

La historia se desarrolla en paralelo y hay puntos en los que coinciden y se cuenta lo que sucede según lo que siente cada una. Con ello podemos contemplar una misma realidad desde todos los ángulos, se enriqPortada La fille du trainuece. Por ejemplo, fijaos en la vivencia de Anna:

“Y entonces estoy haciendo lo mismo que hacía ella: bebiendo sola y espiándolo”. (…) “Y ahora me sorprendo a mí misma comportándome exactamente igual que ella: estoy terminándome la media bvotella de vino tinto que sobró de la cena de anoche y fisgoneando en su ordenador. Es más fácil comprender el comportamiento de Rachel cuando te sientes como yo ahora. No hay nada más doloroso y corrosivo que la desconfianza”.

Me ha gustado la técnica del ‘flashback’’ porque se activa el pasado como si estuviera sucediendo en ese mismo momento y es un recurso muy cinematográfico.

La historia es realista y según se cuenta perfectamente podría haber sucedido en realidad por lo que consigue participar de ella como si fuéramos uno más de la misma.

 PUNTUACIÓN: Le doy un 9,5 por todo lo dicho anteriormente.

RECOMENDACIÓN: Yo se lo recomendaría a compañeros de 4ºESO o más mayores, gente que le guste la lectura con suspense y que se atreva a descubrir cosas nuevas. Con un grado de dificultad media al principio hasta que coges el hilo de la historia, creo que la escritora ha querido crear esta confusión para mantener el misterio.

Libro (Encuadernación: Tapa dura, 493 páginas) 19.50€
Libro electrónico (ePub) 12.99€
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AUTOR: Kiril Valchinov. Alumno de 4º ESO

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Misterioso asesinato en casa de Cervantes

Acaba de publicarse la obra ganadora del Premio Primavera de novela 2015

En esta edición se han presentado 936 obras procedentes de 33 países. Todo un récord. España, que aporta 424 novelas, encabeza la lista; le sigue Argentina, con 150 originales; México, con 58 manuscritos; Colombia con 48 y Estados Unidos con 47. La dotación económica es de 100.000 euros.

Ya sabéis que este premPortada Juan Eslava Galán Misterioso asesinato en casa de Cervantesio lo convocan la Editorial Espasa y el Ámbito Cultural de El Corte Inglés y cuenta con 20 años de tradición. Además, conociendo a los autores ganadores de convocatorias anteriores (Rosa Montero, Lucía Etxebarría, Juan José Millás, Lorenzo Silva, José Ovejero, Fernando Marías, Fernando Savater…) el de 2015, Juan Eslava Galán, se suma al elenco de autores de calidad. Este año la trama de la novela ganadora, Misterioso asesinato en casa de Cervantes, de temática cervantina, coincide con la celebración del IV Centenario de la publicación de la II parte de “El Quijote” y con las labores de búsqueda de los restos de Cervantes. Otra excusa más para acercase a la obra, ¿no?

El jurado de esta decimonovena edición del premio, la eligió por tratarse de:  “Una intriga muy bien construida, escrita con una riqueza de lenguaje extraordinaria y por un autor que conoce a la perfección el mundo de Cervantes”. Tanto es así que oculta declararse como “fan de Cervantes“.

Doña Teresa, duquesa de Arjona, admiradora de Miguel de Cervantes, contrata a la joven Dorotea de Osuna para que esclarezca los hechos en torno al asesinato de un caballero de la orden de Santiago, Gaspar de Ezpeleta, muerto a la puerta de la casa del escritor. Debido a ese hecho, don Miguel y sus hermanas, “las Cervantas“, se hallan encarceladas por su posible implicación en dicho asesinato.

El autor ha construido la novela conjugando ingredientes históricos, que conforman el mundo de Cervantes, ensamblados en una trama narrativa, la investigación de Dorotea de Osuna.

De esta forma el lector asiste a la recreación de aspectos significativos de la vida del siglo XVI español. La obra se sitúa en la España del Siglo de Oro. Parte de un hecho real: el proceso incoado por la muerte de Gaspar de Ezpeleta ocurrido el 27 de junio de 1605 y el posterior encarcelamiento de Cervantes y su familia. Comienza con la descripción de la ciudad de Valladolid, sede de la corte con Felipe III, en la que se traza un análisis sociológico de la urbe desde las perspectivas de un viajero francés y de un mercader de paños de Burgos, muchos nobles en torno al monarca, calles llenas de mendigos, de pícaros, de prostitutas… desolación:

“¿A Valladolid vais? Por Dios que es una gran ciudad, de las más ilustres que tiene el rey de España. En ella hallaréis más de treinta palacios y tantas iglesias y conventos que el día del Corpus huele el aire a incienso como su estuviera en llamas el Gran Bazar turco.(…) Mirad que habitan en la corte no menos de veinticinco duques, treinta y cinco marqueses, sesenta condes, no sé cuántos vizcondes y muchísimos hijosdalgo cuyo número Valladolid s XVIaumenta casi cada día con las patentes de nobleza que el rey, generoso como joven, otorga a los que lo sirven bien. Sumad a eso los numerosos servidores y criados, desde mayordomos hasta pícaros de cocina, que sirven en esos palacios, añadid las muchas personas de hábito y sotana que el cuidado de tantas almas requieren y tendréis una muchedumbre de moradores que engrandecen la villa. Y putas para contentar a tanta gente… Valladolid frisaba las sesenta mil almas, de las que quince mil eran mendigos de pedir, (…) otros veinte mil no pedían pero pasaban necesidad, diez mil no sabían qué es comer caliente y los restante quince mil eran curas, frailes o criados al amparo de unas docenas de pudientes”.

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Premio Biblioteca Breve 2015

Premio-Biblioteca-Breve

La historia de este premio se remonta al 14 de junio 1958. En esta fecha, en Sitges se fallaba el primero de estos premios promovido por la editorial Seix Barral. El objetivo, según Víctor Seix era la de: “estimular a los escritores jóvenes para que se incorporen al movimiento de renovación de la literatura europea actual“. Para Carlos Barral: “la obra premiada debería contarse entre las que delatan una auténtica vocación renovadora o entre las que se presumen adscritas a la problemática literaria y humana estrictamente de nuestro tiempo“. En 1972 dejó de convocarse hasta que en 1999 se retoma el espíritu inicial con la voluntad de encontrar la novela que mejor encarne el espíritu de nuestro tiempo y prolongue así la historia viva de la literatura española e hispanoamericana.

Portada Fernando MArías La isla del padreFernando Marías, La isla del padre, Seix Barral

Esta última novela de Marías ha obtenido el Premio Biblioteca Breve 2015, galardón dotado con 30.000 euros que le ha entregado la editorial Seix Barral. El jurado, (formado por José Manuel Caballero Bonald, Pere Gimferrer, Lanuel Longares, Elena Ramírez y Rosa Regàs) ha considerado que: “Entre el remordimiento y la lucidez Fernando Marías ha sido capaz de abordar un itinerario a través de la memoria y de la sombra del padre en busca de su propia identidad“.

Autor a quien su vocación literaria le ha proporcionado el reconocimiento de crítica y público con importantes galardones, desde el Nadal en 2001 con El Niño de los coroneles, al Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en 2006 por Cielo abajo o el XIII Premio Primavera en 2010 con Todo el amor y casi toda la muerte.

En esta ocasión, como ha indicado el jurado, Marías traza, tras la muerte de su padre, una panorámica de los recuerdos de parte de su vida junto a un retrato apasionado de su padre, Leonardo Marías Barreras. Somos memoria y relato que construimos“.

Durante el viaje en tren  hacia Bilbao, la mañana de ese 1 de junio, rememoré cómo a  lo largo de los años, mientras hacía el mismo trayecto, me había preguntado cuáles serían mis sensaciones cuando el motivo del viaje fuese el fallecimiento de mi padre o de mi madre, cuando supiese que al llamar el portero automático, acción que ejecutaba con vigorosa insistencia porque mis padres padecían sordera, no iba a encontrarme con su sedosa energía vital que parecía capaz de sustentarlo todo.“.

El libro comienza en 2009 cuando su padre enferma gravemente. Lo que parecía iba a tener un desenlace breve se dilata 6 años, hasta 2013, fecha en la que se pone en marcha la escritura de la obra. “Estábamos escribiendo el libro entre los dos, mi padre muerto y yo“.

Mi padre estaba muerto aunque respiraba (…) Apreté su mano y hablé, fluido y sin pausas, como si pronunciase una sola palabra larguísima que llevase pegada al paladar desde mucho antes. (…) Te quiero mucho y nunca te lo he dicho. Mucha gente vive y muere sin decir te quiero a sus seres queridos o sin que ellos se lo digan. Pero en nuestro caso era una necesaria culminación, el cierre preciso, este y no otro, del círculo de nuestra vida compartida. Esa frase podría ser el alma de este libro, esa línea única con la que , según dicen, todo libro debe poder ser definido“.

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Cuento ilustrado

PORTADA Rayas aquel que quiso viajar y no pasó del felpudo

Mariana Cantero, exalumna de nuestro centro, presentó su cuento ilustrado Rayas: aquel que quiso viajar y no pasó del felpudo. Premio de Cuentos ilustrados de la Diputación de Badajoz en su XVII edición de 2014. Con esta obra obtuvo el primer premio de la modalidad infantil.

Si queréis saber más acerca del libro en este Enlaces webdescubriréis quién es la autora y algunas ilustraciones más que Mariana ha subido a su página de Logo Facebook. También lo podréis tomar en préstamo en la biblioteca.

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Premios Ateneo de Sevilla

Premios Novela y Novela Joven

Félix Modroño Los secretos del arenal

El Premio Novela Ateneo de Sevilla es un concurso literario convocado por el Ateneo de Sevilla. La primera edición tuvo lugar en 1969 y se inició gracias al patrocinio de José Manuel Lara Hernández, fundador de la Editorial Planeta. La organización corría a cargo del Ateneo de Sevilla. La primera cuantía del Premio ascendió a 100.000 pesetas (equivalentes a 12.334,53 de euros). La participación de la Editorial Planeta duró hasta 1996. A partir de entonces, se hizo cargo de la publicación la editorial sevillana Algaida y ha contado con varios patrocinadores. La dotación del premio es de 24.000 euros y la publicación de la obra.

En la convocatoria de 2014 el premio ha recaído en el bilbaíno Félix Modroño con  Secretos del arenal. La presentación del libro será en Sevilla el miércoles 26 de noviembre. Empieza a leer el primer capítulo libro

Además del premio de novela también hay un Mado Martínez La santaPremio Ateneo Joven de Sevilla de Novela que es concedido anualmente a una novela inédita en lengua castellana, y escrita por un autor de menos de 35 años. Lo convoca el Ateneo de Sevilla desde 1996 y lo publica la editorial Algaida. Este galardón lo impulsa el Área de Cultura del Ayuntamiento de Sevilla. La dotación actual es de 6.000 € y publicación para el ganador.

Este año la ganadora ha sido una periodista alicantina, Mado  Martínez, por la obra La Santa. La historia se enmarca en los años cincuenta, en un internado de señoritas enclavado en las entrañas de los Picos de Europa (Asturias), en el que las jóvenes van desapareciendo una a una.

La editorial nos ofrece la oportunidad de leer el primer capítulo, pulsa libro y verás cómo comienza la novela.

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Y por eso rompimos

Portada Y por eso rompimos

La editorial Alfaguara ha lanzado la primera novela juvenil por entregas para móviles y dispositivos electrónicos anticipándose a su salida en papel el próximo 3 de abril.

Escrita por Daniel Handler e ilustrada por Maira Kalman, la obra es una historia sobre el amor y las relaciones personales, sobre la pareja y su ruptura, sobre la amistad, la traición, la honestidad y la búsqueda de la identidad propia, sobre cómo nos vemos y cuál es la imagen que los demás tienen de nosotros. 

La primera entrega fue lanzada de forma gratuita el 14 de febrero, día de San Valentín, y a partir de esa fecha, todos los viernes (15 y 22 de febrero, 1,8, 15, 22 y 29 de marzo) estará disponible una nueva, hasta un total de 8 entregas con un precio de 0, 99 euros. El ebook completo podrá descargarse a partir del 3 de abril por 7,99 euros, día en el que también llegará a las librerías la edición en papel a un precio de 16,95 euros.

El primer episodio dice así:

Caja Y por eso rompimos“Voy camino a casa de Ed. Llevo en mis manos una caja repleta de objetos que un día lo significaron todo para nosotros, todos los recuerdos que conservo de nuestra relación. Ahora mismo estoy escribiéndote una carta. Cuando la acabe, la meteré también en la caja y te la daré. La carta explica nuestra historia, una historia preciosa pero dolorosa, una historia que hay que comprender poco a poco, sin prisa.

Te entregaré esta caja, Ed. Dentro está todo:
Las dos chapas de botellas de Scarpia’s Bitter Black Ale que nos bebimos aquella noche en el jardín trasero de la casa de Al. Recuerdo las estrellas brillando y nuestro aliento condensado por el frío. La entrada de cine para ver la película en la que nos dimos nuestro primer beso. Me besaste a los veinte minutos de haber empezado… y luego otra vez en la escena final. El afiche de la película que robaste para mí, para que conservara el recuerdo de nuestra primera cita. Fue muy tierno, gracias. Pero ya no lo quiero.”

Si quieres comprarlos estarán disponibles en los puntos de venta on-line habituales.

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