Tú cuentas

Espacio reservado para la creatividad de los alumnos. En él todos “cuentan”.

LA TERTULIA LITERARIA. TERCER AÑO

 

 

 

 

LA TERTULIA LITERARIA. TERCER AÑO

 

            Tres años ya. Un pequeño grupo de personas reunidas en torno a los libros. Desgranando las sensibilidades distintas, las técnicas dispares, las perspectivas opuestas. He aquí la panoplia de obras que han caído este año en nuestras manos:

 

  1. Abraham Valdelomar. El caballero Carmelo y El vuelo de los cóndores. (Octubre de 2017).

 

A través de la historia de un gallo de pelea el autor deja flotar un universo delicado lleno de emociones; la sensibilidad, más que la acción, gobierna este universo, y el lenguaje se puebla de adjetivos y de nombres, más que de verbos. Hay una gradación del ensueño a la nostalgia pasando por el frenesí, recorriendo una panoplia de recursos que hoy calificaríamos de cinematográficos (travellings, contrastes de raccord, fundidos). Las gradaciones, las anáforas, las enumeraciones, las prosopopeyas y los diálogos sin palabras manifiestan una atmósfera impresionista fuertemente marcada por la subjetividad.

 

 

  1. César Vallejo. Paco Yunque y El tungsteno. (Noviembre de 2017).

 

La narrativa de Vallejo contrasta fuertemente con la de Valdelomar, por eso hemos elegido a estos dos autores para poder compararlos y contraponerlos. Un relato directo, realista, de contrastes fuertes, donde las cosas aparecen recortadas con perfiles angulosos, donde la crueldad humana es crueldad social y donde Vallejo muestra su lado humano y comprometido.

En Paco Yunque, comprobamos que el absurdo puede erigirse en criterio de verdad, y donde la aliteración y el crescendo pueden marcar momentos determinantes del relato; los momentos de prueba, héroe y falso héroe nos hacen pensar den Propp, y el protagonista se manifiesta como una persona incapaz de actuar porque la dominación y el abuso le anulan la voluntad y la paralizan.

En El tungsteno es un relato cuyo final podría adscribirse al llamado realismo socialista, pero cuyo desarrollo cae más bien bajo el paraguas del indigenismo; algunos fragmentos realmente logrados palidecen, sin embargo, ante un final demasiado dogmático y previsible y, quizá por eso, literariamente poco interesantes. Están presentes aquí Rousseau, Darwin y Marx, y González Prada, y el cristianismo de Vallejo se muestra sin decirse en las bellas imágenes del Cristo indio. El desenlace no surge sólo del nudo, sino sobre todo de la teoría marxista, que es ajena a la trama; y que funciona como un deus ex machina, que resuelve la acción sin haber sido presentada en el planteamiento.

 

 

  1. Vargas Llosa. Los cachorros. (Diciembre de 2017).

 

Un relato de juventud del premio Nobel, un buen compendio de la literatura posterior que desarrollaría el autor. La maduración de unos jóvenes a través de sus aventuras en la escuela, desde los 10 a los 23 años, marcadas por un accidente que generaría un apodo y que marcaría irremediablemente el destino de su protagonista: como en una tragedia griega, en donde el personaje no puede vencer al destino contra el que, sin embargo, lucha. Interesantes deslizamientos de las voces narrativas, figuras de estilo de un crudo realismo (metáforas, metonimias personificaciones, gradaciones en crescendo) y algún que otro recurso que nos recuerda al cine (un flash-forward).

 

  1. Eduardo Galeano. Libro de los abrazos. (Enero de 2018).

 

Éste es un libro de reflexiones que no forman una historia, sino más bien una especie de breviario para sacar enseñanzas sobre la vida, como los poemas de Bertolt Brecht y las parábolas del Evangelio; sólo que sobre un fondo de crítica social; social y política. Se juega ingeniosamente con las palabras, y abrazarse es también “desdudarse” (“arránqueme, señora, las ropas y las dudas. Desnúdeme, desdúdeme”); nombrar es lo mismo que nacer (“llamarme así fue una manera de nacer de nuevo”, a propósito de la perrita Pepa Lumpen); y frente a la dicotomía del decir y mostrar, hay cosas que se muestran diciéndolas (“la droga produce amnesia y otras cosas que no recuerdo”). Hay metáforas interesantes (“silba el viento dentro de mí (…) soy mi cara en el viento, a contraviento, y soy el viento que me golpea la cara”). Hay evocaciones, explícitas o implícitas,  de Manuel Vázquez Montalbán, Carpentier, Hegel, Scherezade al decir, por ejemplo, que “lo real maravilloso” está en el centro de lo real horroroso de América”. La contraposición entre apariencia en realidad confronta a Quevedo, Platón, Machado por un lado y Homero, Nietzsche, Campoamor y también Quevedo, por otro. Y nada retrata mejor a este libro de pensamientos como la nota etimológica de la primera página: “recordar: del latín re-cordis, volver a pasar por el corazón”.

 

 

  1. Anne Melian Schaffer. La sociedad literaria y el pastel de piel de patata. (19 de febrero de 2018).

 

Unos habitantes de una de las islas del Canal de La Mancha crean una sociedad literaria para sobrellevar con algo de ilusión los sinsabores de la Segunda Guerra Mundial; y como no tenían mucho para comer, la hacen girar en torno a un pastel de piel de patata. La crudeza de la realidad es retratada o sugerida a través del gusano tragado por el mirlo (“es repugnante”), del campo de concentración de Ravensbrück, de los trabajadores Todt (adolescentes forzados por los nazis a trabajar hasta la muerte, como Lud, presa del frío, los piojos, los gusanos de la piel, el hambre). También se critica a los propios ingleses, cuando se le reprocha a Churchill que quiera matar de hambre al enemigo matando al amigo también. Una sociedad tan contradictoria es retratada a través de la paradoja (como quitarse la suciedad con el animal sucio: haciendo jabón con la grasa de un cerdo muerto de fiebre aftosa). Las situaciones límite son el marco en el que crece una tierna amistad, literaria y humana, en una historia que no dejará de sorprendernos, marcada por una cita de Séneca: “los pequeños dolores son locuaces, los grandes callan estupefactos”.

 

  1. Alberto Martín. Cuando sopla el viento de levante. (26 de marzo de 2018).

 

Ésta es una novela de intriga, de investigación policial. El incendio de un hotel da lugar a una trama cuyos hilos se pierden en el tiempo, como si el presente dialogara con el pasado desde una simultaneidad extraña. Los saltos cronológicos se manifiestan unas veces por fechas, otras veces por los objetos (una puerta que da al otro lado pero no del espacio, sino del tiempo; una cicatriz, un ascensor, un uniforme…), todo ello sazonado por flashes-back y flashes-forward, o como diríamos más bien, saltos atrás, regresos al futuro y anticipaciones; la prensa, las tapas de los bares, los nombres de los políticos y los deportistas famosos sirven también como fechadores. Hay un vaivén de voces narrativas según las necesidades del relato, continuas contrastaciones de hipótesis y búsquedas de pruebas hasta desembocar en un “creer viendo” que, Paradójicamente, no es la fe; se habla del dolor y se hacen continuos guiños que hacen de este relato un terreno prolífico en intertextos (Heráclito, Borges, Hitchcock, Freud, Byron…). Y lo principal es que se lee de un tirón; para un joven es de esos relatos que te atrapan en su trama, y uno en contra el entretenimiento que había ido a buscar cuando buscaba el libro. Cuando sopla el viento de levante ha sido objeto de una reseña en el blog de la biblioteca y su autor, que vino a la tertulia a departir con nosotros, también fue entrevistado en lagunadelibros.

 

 

  1. William Golding. El señor de las moscas. (Abril de 2018).

 

Nos hemos inclinado sobre este clásico del siglo XX para ver si sigue teniendo todavía algo que decirnos en el mundo de hoy. A partir de un accidente de avión en el que sólo sobreviven los niños y adolescentes, Golding nos da una visión pesimista de la sociedad. El tema de la caverna nos hace pensar en Platón y en el trasunto bíblico de la caída, donde el político y el prisionero son los exponentes de un salvajismo que se mueve entre Hobbes y Rousseau. El pan y el circo transforma la democracia en demagogia, la vista del espejo de la razón se convierte, por efecto de la superstición, en el espejismo de la ceguera, y detrás de las palabras alienta siempre lo innombrable. Cuando el espejo se convierte en una máscara la democracia no es otra cosa sino “palabras y más palabras”. El miedo a la fiera es el camino a la locura, andamos en busca de una protección donde las diferencias entre pedir y robar se esfuman y a lo lejos late la nostalgia de una edad de oro, un paraíso perdido. Las imágenes penetran a fondo en el relato y los epítetos afloran sobre las paradojas y las antítesis. Relato literalmente plagado de sugerencias bíblicas: explícitamente se habla de las lentejas de Esaú.

 

  1. Luis Sepúlveda. Un viejo que leía novelas de amor. (Mayo de 2018).

 

Si El señor de las moscas nos introducía en el universo de Hobbes, este libro nos introduce en el de Rousseau. Es un canto al buen salvaje que se enfrenta al salvajismo de la civilización (uno no puede de dejar de acordarse de Miguel Delibes: El disputado voto del señor Cayo); de una civilización de la que no conoce ni los nombres, y así hay un colono que se llama Alkaseltzer porque así lo había visto en un anuncio, y otro se llama Onecén porque lo había visto en una moneda donde ponía “one cent” y se había creído que ése era el nombre de un dios; y como quien llama “mitigüeso”, desconociendo el lenguaje, a la carabina “Smith and Wesson”.

Un hombre de la sierra se interna en la selva y aprende de los indios shuar el arte de la supervivencia. Aquí aparece la primera de las oposiciones: los mismos selváticos se llaman shuar si viven en la naturaleza, y jíbaros si se han amoldado a la civilización. La llegada de las máquinas representa el desarrollo, pero supone en realidad el salvajismo de quienes no respetan nada (los colonos matan crías de animales mientras que los nativos sólo cazan animales adultos, pescan con dinamita mientras los nativos respetan amorosamente el ecosistema). De todos modos, ambos mundos tienen sus propios salvajismos; el del los shuar consiste en reducir las cabezas de sus enemigos y embadurnar a sus ancianos con miel para que perezcan devorados por las hormigas; la propia selva es salvaje (“selvaje”), pues las hormigas reducen los cuerpos a huesos blancos sin una sola brizna de carne en ellos.

Sólo los libros le dan a la civilización una nota de humanidad. Y a la selva se la da el tigrillo, cuyas crías han sido masacradas por unos humanos sin humanidad. La nobleza de la hembra de tigrillo enfrentándose al cazador y provocando el fin del sufrimiento del macho es la verdadera nota humana de la vida, eje vertebrador de este relato; y, con un trasfondo metafísico, detrás de las formas de los animales late en el inconsciente colectivo ese extraño animal sin presencia y sin figura (que diría San Juan), esa nebulosa forma sin forma, esencia de los animales sin sensaciones; lo que, sin decirlo ni quizá sospecharlo siquiera, nos lleva al universo misterioso donde laten las formas de Platón. Un libro excelente, bien escrito, que nos hace reflexionar sobre lo dudoso de nuestras evidencias más incuestionables.

 

  1. Jack London. Amor a la vida. (Junio de 2018).

 

Amor a la vida es un relato de Jack London donde se plantea lo que significa vivir en situaciones extremas. Si en la muerte no sentimos el dolor, entonces (p. 169) vivir es sufrir; y sin embargo (p. 173), cuando el personaje ya ha perdido “toda capacidad de sentir y emocionarse (…) la vida que latía en su interior le impulsaba a seguir”; puede ser una vida ciega (p. 172: “todo lo que hacía era por puro razonamiento”); hiperbólica (“cuerpos cadavéricos (…) acechándose mutuamente”: p. 175); trágica (“tal vez fuese una completa locura, peo desafiaba a la muerte en sus mismas garras”); pero al final ¿qué es la vida? No es la vida previsora (tomar precauciones para no pasar hambre), ni siquiera es acumular riquezas para ser feliz (todo el oro acumulado por estos aventureros no es más que un fardo que pesa sobre la vida); la vida es misteriosa (si la vida es o vanidad o sufrimiento, ¿por qué se negaba a morir?: p. 169); pero sobre todo instinto, fuerza (p. 176),  voluntad (“esa fuerza sólo se debía a su voluntad”, p. 176, y la más leve “brizna de voluntad” no es más el producto de “alguna extraña alquimia del espíritu”: p. 175). No sabemos por qué vivimos, ni para qué, sólo sabemos que queremos vivir; en eso consiste ese “amor a la vida” que le da el nombre a este relato.

 

La última sesión, después de debatir sobre Jack London, dejó abierta la pregunta por la literatura. ¿Para qué sirve? Es importante leer o más importante es lo que se lee? ¿Sirve la literatura para entretener? ¿O para hacer experimentos? ¿O acaso las dos cosas a la vez? ¿No rechazamos dogmáticamente alguna literatura entretenida ignorando la calidad que esconde, sólo porque entretiene y parece que entretener no es bueno? ¿Cuál es el papel que juega ese otro tipo de literatura que entretiene poco pero, sin embargo, plantea sabiamente cuestiones fundamentales y nuevas formas de expresión? Preguntas todas que esperamos volver a hacernos el año que viene, siempre que se mantenga nuestra tertulia como lo ha venido haciendo hasta ahora. Para despedirnos este año sólo nos ha faltado un poco de buen tiempo para poder hacerlo en la terraza de un bar. 

Mariano Martín Isabel. Profesor del departamento de filosofía.

 

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La tertulia literaria

LA TERTULIA LITERARIA

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tertulia-literariaEn una tertulia literaria se puede hablar de muchas cosas. Una de sus posibilidades es que se convierta en un club de lectura: un lugar donde varias personas tienen tiempo para leer y luego se reúnen para hablar de lo que han leído; eso es lo que ha hecho el instituto Andrés Laguna de Segovia. Ha convocado a los padres y madres de los alumnos para diseccionar mensualmente una obra literaria. Al principio se ha trabajado sobre relatos cortos, pero poco a poco se han ido incorporando también novelas. Su propósito era debatir sobre literatura universal sin olvidar la producción castellano-leonesa, particularmente de Segovia; y junto a autores como Stephan Zweig, Cornell Woolrich, Umberto Eco, Woody Allen, Rudyard Kipling, Daniel Defoe o Jordi Nopca, se han comentado obras de Fernando Travesi y Nell Leyshon; Fernando Travesi es un escritor segoviano y Nell Leyshon una escritora irlandesa que se ha dado a conocer para nosotros en el Hay Festival de Segovia.

La experiencia ha sido estimulante. Uno lee una obra y la entiende de una manera, luego la comenta con otros y la entiende delibros-abiertos otra. Cada lector es un punto de vista, cada lectura una perspectiva diferente; como si una tertulia fuese la mirada del ojo de un insecto, hecho de muchos ojos, cada uno de los cuales ve una cosa y la síntesis de todos ellos conforma una realidad poliédrica (o, como ha dicho una de las participantes, caleidoscópica). Entre unos y otros enriquecemos la visión de un relato que, normalmente, tiene muchos matices; descubrimos que los que tienen menos interés literario pueden decir cosas interesantes; stefan-zweig-mendel-el-de-los-librosy que la literatura no consiste en decir cosas, sino en decirlas a escondidas entre estratos que el lector tendrá que desmenuzar; incluyendo referencias cruzadas que apelan a nuestra cultura, construyendo densidades (con los personajes, con los decorados, con las narraciones y con las ideas) que hacen de la obra literaria cualquier cosa menos un encefalograma plano.

Nos hemos acercado a la relación entre literatura y cine, y entre cine y filosofía: la muerte de Umberto Eco nos ha brindado la excusa perfecta para acercar nuestra lupa al universo mental de la Edad Media a través de su novela más emblemática: El nombre de la rosa. Hemos hecho un ejercicio de literatura comparada, relacionando el epílogo de Robinson Crusoe con un cuento de Rudyard Kipling (dos maneras antitéticas de ver la vida). Nos hemos acercado a la literatura que habla de la literatura, descubriendo interesantes reflexiones sobre la naturaleza de la creación (Mendel el de los libros). Hemos tenido en las manos una obra magnífica que nos hafernando-travesi-la-vida-imperfecta hablado de la Irlanda del siglo XIX, donde la protagonista es explotada por partida doble e incluso triple: como campesina, como analfabeta y como mujer (Del color de la leche); la autora (Nell Leyshon) lo ha hecho dándole la palabra a la propia protagonista, convirtiendo así al personaje en su propio narrador. En fin, y por no alargarnos más, La vida imperfecta ha sido una reflexión pesimista y demoledora sobre las relaciones humanas, en un relato concebido con el formato del drama psicológico.

La primera sesión de nuestra tertulia giró en torno a dos relatos cortos de un joven autor catalán: Jordi Nopca. Uno de ellos (“Navaja suiza”) disecciona el deterioro de una pareja que cuanto más tiempo pasa menos cosas comparte: salvo la pasión por los viajes; la preparación de un viaje a Suiza les hace descubrir que la literatura suiza, tal y como la recogen los estereotipos, se disuelve entre Heidi y Guillermo Tell; salvo honrosas excepciones, y entre ellas se menciona a Agota Kristof. Sigue leyendo

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El peligro de leer

La vida, dice Kafka en sus Diarios, es un enigma del que hemos olvidado la llave. Los libros, al contrario, son claves o llaves cuyo enigma aún no hemos localizado. Las grandes novelas, los grandes relatos, dan respuesta a preguntas que todavía no hemos hecho, que todavía no hemos encontrado. La vida es un cuaderno de ejercicios; los vamos haciendo sin saber jamás si hemos dado o no con la solución acertada. Frente a ella, los buenos libros proporcionan siempre soluciones justas –preciosísimas– a problemas que luego hay que reconocer y plantear. La literatura significa ponerse en la piel de otro, es libertad para inventar una vida. En ocasiones en un libro podemos encontrar un modelo de conducta, una forma de recuperar una experiencia perdida o de aprender de una vivida por otros. No podemos hallar verdades absolutas en la literatura porque no es una ciencia exacta. Así, lo que nos interesa de todo buen libro son las preguntas que formula, los misterios que nos salen al paso y que nosotros como buenos lectores debemos intentar resolver.

Essais de MontaigneEl arte más grande de todos, escribió Montaigne, consiste en ser uno mismo. Una idea que en esta época, marcada por el estruendo permanente de las pantallas, parece difícil de asumir. El escritor francés apuntó esta reflexión y muchas otras más en los Ensayos que escribió en su castillo del Perigord, dedicando muchas horas a pensar en una habitación silenciosa, alimentando ese pensée vagabonde que dio lugar a una de las grandes obras de Occidente. Hoy, para muchos resulta imposible leer sin escuchar música o mirar la televisión con el rabillo del ojo. La noche se ha tornado tan ruidosa como eLeer y escuchar músical día, y la habitación silenciosa de Montaigne un infierno y una tortura. Ponemos reparos a esa visita de la que hablaba antes, tenemos miedo del encuentro, miedo de la desnudez del otro.

En estas condiciones la lectura se ha convertido en una actividad minoritaria y aquel que se retira a un rincón apartado y escapa del bullicio general para leer su libro favorito, verá cómo su conducta es tachada de extravagante. Cuando el código hegemónico parece ocuparlo todo, cuando, desde lo que nos parece una libertad artística absoluta, nada hiere el discurso dominante, el acto de leer puede ser una pequeña forma de violencia. La búsqueda de uno mismo en el entorno, el instinto por saber, el deseo de satisfacer una curiosidad que nos permita descubrir y enjuiciar lo que a una parte de nuestra sociedad le interesa mantener oculto, se encuentran en ese gesto que por ser, como en el poema de Robert Frost, el menos transitado, puede marcar la diferencia.

La lectura es una experiencia que nos invita a reconocernos en el otro, y este nos descubre aspectos desconocidos de nosotros mismos. En este sentido, la lectura, como el amor, puede ser uVirginia Woolfna forma estupenda de autoconocimiento. Debemos desconfiar de todos aquellos intentos por imponernos una forma de leer, pues, como escribió Virginia Woolfdejar que nos digan cómo debemos leer, qué debemos leer, qué valores debemos dar a lo que leemos, es destruir el espíritu de la libertad”. En todas las demás esferas de la vida nos pueden atar mediante leyes y convenciones, pero en esta no.

AUTOR: Álvaro Acebes Arias. Profesor de Lengua castellana y literatura

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La importancia del lenguaje

Imagen Letras Llave antiguaPodríamos considerar el lenguaje como la llave capaz de abrir numerosas cerraduras, que en un principio, antes de su descubrimiento, se creían blindadas. Con la aparición de este, es cuando realmente se considera que surgió el ser humano, ya que es lo que nos aleja de los instintos primitivos de los demás seres vivos. El lenguaje permite la vida en sociedad, la comunicación, la cooperación, las mejoras a la hora de trabajar o la capacidad de ayudar.  Es la herramienta mejor construida hasta el momento, aquella capaz de dar paso a lo que se creía acotado, aquella que hizo que la realidad quedase encerrada en las palabras, y se hiciera manejable y transmisible. Su desarrollo dio lugar a la formación de distintas lenguas según la localización, esto permite mayor heterogeneidad y mayor enriquecimiento cultural y social.

Blank white speech bubbles

No nos damos cuenta, pero para expresar cualquier acción por pequeña que sea, es necesario el lenguaje. Hemos nacido arropados por él, y no somos conscientes de lo verdaderamente importante que es. Nuestra capacidad de asombro, es prácticamente nula ya que se encuentra en nuestra rutina. ¿Cómo tiene que ser la sensación de querer transmitir cosas, y que no haya vía para hacerlo?

El lenguaje nos hace la vida sencilla, nos permite llegar hasta aquellos puntos que creemos dificultosos, nos ayuda a reflejar nuestro yo, y aunque es algo en lo que no nos paramos a reflexionar, la importancia del mismo es inmensa.

Imagen AMOLa gente no se enamoraría, no se divertiría, no se aterrorizaría, no se desesperaría ¿qué clase de mundo sin ningún tipo de emoción sería ese? La vida se limitaría a ser una línea recta que habría que seguir, sin ningún tipo de desviaciones ni direcciones prohibidas. Cada uno viviría por uno mismo, sin establecer lazos de unión con ninguna otra persona, que es lo que verdaderamente nos enriquece, y nos da vida.

Como conclusión, la vida sin la capacidad del lenguaje, no sería vida.

AUTORA: Mariana Fuente del Prisco. Alumna de 1ºBachillerato

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De la imprenta a la sociedad multipantalla

CHina imprentaLa historia de la imprenta tuvo lugar mucho antes de lo que se cree, pues ya alrededor del año 440 a. C. los romanos desarrollaron sellos que imprimían hojas de inscripciones sobre objetos de arcilla y en el S.XI se inventó en ChGuttenberg comprobando librosina la primera imprenta con piezas móviles de porcelana. Aunque, la auténtica revolución de esta máquina no se dio hasta el S.XV de manos de Johannes Gutenberg.

Hasta ese momento los libros se difundían en copias manuscritas por escritores, muchos de los cuales eran monjes dedicados exclusivamente al rezo y a la réplica de ejemplares por encargo del propio clero o de reyes y nobles. A pesar de lo que se cree, no todos los monjes copistas sabían leer y escribir. Realizaban esta función de copiar como meros imitadores de signos que en muchas ocasiones no entendían, lo cual era fundMonje copistaamental para copiar libros prohibidos que hablasen de medicina interna o de sexo y cada uno de sus trabajos podía durar hasta diez años. Por tanto, los pocos ejemplares que existían estaban en manos de personas adineradas y que, además, no tenían ningún interés en que la población tuviera acceso a este tipo de conocimientos, pues esto supondría la alfabetización y, con ella, la capacidad de razonamiento del pueblo. Por este motivo la imprenta supuso un gran avance cultural ya que permitía una copia más rápida de los libros para que un mayor número de personas tuviera acceso a ellos. Democratizar la cultura.

Pero la capacidad de superación humana no quedó aquí, pues en el S.XX se puso de moda una nueva forma de comunicación y de transmisión cultural, apareció la novedad de transmitir los mensajes de forma visual por medio multipantallade imágenes en movimiento que eran retransmitidas a través de televisiones, una nueva manera de mostrar el mundo. Surgió entonces la denominación de hijos de la informática, dirigida, sobretodo, a los jóvenes nacidos en los 90, nativos digitales. Nosotros crecimos rodeados de tecnologías que con el tiempo se han ido modernizando hasta que, ahora mismo, en la actualidad, se puede acceder a numerosas “ventanas” virtuales llenas de todo tipo de información. La Tecnología se ha convertido en nuestra forma de viajar, de comunicarnos, de informarnos de las noticias más recientes… hemos hecho de ella una vida que nos tiene tan atrapados que no somos casi capaces de levantar los ojos de la pantalla para disfrutar de la realidad, pues se ha convertido en nuestra nueva realidad.

AUTORA: Alma Revenga Riquelme. Alumna de 1º Bachillerato

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Tú cuentas…

Tenéis ante vosotros un texto que os va a sorprender por su frescura.

Se trata de un ejercicio de clase en el que utilizando, entre otras, las palabras: “casualidad, desconcertante, evocar, prisionero, envejecer y sabiduría” debían redactar una historia.

¡Disfrutad con el ingenio y buen hacer de este compañero!

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LA GRAN NEVADA

Hace no sé exactamente cuánto tiempo, casualidad o no, cayó sobre nosotros una gran nevada que mató a toda mi familia menos a mí.

La nieve con su peso derrumbó el tejado del salón donde aquellas navidades todos estaban cenando, menos yo, ya que me habían echado de la mesa por insultar a mis padres. Me quedé dormido, resignado, sin saTEjado derrumbado por la nieveber nada de lo que había ocurrido. A la mañana siguiente me levanté a las 12, hacía mucho frío y cuando fui al salón, me encontré una imagen desconcertante: todos los cadáveres de mi familia yacían en la nieve.

Estuve dos días llorando sin asimilar lo que había ocurrido. Hubiera deseado con todas mis fuerzas haber muerto yo también, pero quisiera o no, tenía que seguir adelante. Así que, con once años comencé a reconstruir mi vida.

Fui creciendo aprobando todo y llorando siempre que nadie me veía; fueron pasando los años y decidí irme a vivir a otro sitio con mi novia para no volver a evocar aquellas escenas vividas.

Una vez ya con 24 años traté de superar el miedo yendo a esquiar con mi mujer y, de nuevo, el dCopo de nieveestino quiso morder mis sentimientos matando a mi mujer en un grave accidente de esquí. Ya, esta vez, no pude volver a reconstruir mi vida: viví en la que había sido una casa feliz y alegre, pero ya no lo era. Pasé el resto de mi vida sentado en un sillón de la vieja y desangelada casa. Viví prisionero de mis recuerdos hasta envejecer. Y ahora, al escribir esto me doy cuenta de la poca sabiduría que había tenido ante las pruebas que el destino me había propuesto. Me doy cuenta ahora, con 93 años, a punto de morir y con un techo lleno de nieve sobre mi cabeza.”

Carlos Gutiérrez Lorasque. Alumno de 1ºESO

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Descripción de un ave o de un mamífero

Hace poco una amiga nos contó la experiencia de un profesor francés con sus estudiantes en una clase de lengua. Rescato el ejercicio de descripción de uno de sus alumnos, de ocho años. Posee tanta fuerza que se conserva como modelo de creatividad en el Museo Pedagógico de París.

El maestro le había pedido a sus chicos que realizaran la descripción de un mamífero o de un ave. Veamos qué escribió:

Vaca de seis lados Manolo Dueñas BlancoEl pájaro del que voy a hablar es el búho. El búho no ve de día y de noche es más ciego que un topo. No sé gran cosa del búho, así que continuaré con otro animal que voy a elegir. La vaca es un mamífero. Tiene seis lados: el derecho, el de la izquierda, el de arriba , el de abajo; el de la parte de atrás tiene un rabo del que le cuelga una brocha. Con esta brocha se espantan las moscas para que no caigan en la leche.

La cabeza sirve para que le salgan los cuernos y además porque la boca tiene que estar en alguna parte. Los cuernos son para compatir con ellos. Por la parte de abajo tiene la leche. Está equipada para que se la pueda ordeñar.

Cuando se la ordeña, la leche viene y ya no se para nunca. ¿Cómo se las arreglará la vaca? Nunca he podido comprenderlo, pera cada vez sale la leche con mayor abundancia.

El marido de la vaca es el buey. El buey no es un mamífero porque tiene mamas. La vaca no come mucho, pero lo que come lo come dos veces, así que ya tiene bastante. Cuando tiene hambre y cuando no dice nada es que está llena por dentro de hierba.

Sus patas le llegan hasta el suelo. La vaca tiene un olfato muy desarrollado, por lo que se la puede oler desde lejos. Por eso es por lo que el aire del campo es tan sano.”

La vaca de seis lados, con el rabo espanta las moscas para que no caigan a la leche, su equipamiento es el idóneo para ser ordeñada, la dieta le permite comer dos veces, gracias a su olfato se la puede oler desde lejos… ¿Claro, no? Fantasía y realidad de la mano.  Delicioso.

(La ilustración la he tomado del blog de Francisco Concepción Álvarez)

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XIV Concurso de narración Torrente Ballester

Cartel Concurso de Narración Gonzalo Torrente Ballester 2013-2014

 Tenemos el orgullo de presentaros la obra ganadora de nuestra compañera, Esther Berzal Saiz, alumna de 4ºESO. Su “CAPERUCITA ROJA” se alzó con el 2º Premio del XIV Concurso de Narración “Gonzalo Torrente Ballester” organizado por el IES “Torres Villarroel” de la ciudad de Salamanca.

¡¡¡Enhorabuena, Esther!!!!!

¡Muchas gracias por compartirlo con todos nosotros!

Os dejo con Caperucita:

 

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