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La tertulia literaria

LA TERTULIA LITERARIA

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tertulia-literariaEn una tertulia literaria se puede hablar de muchas cosas. Una de sus posibilidades es que se convierta en un club de lectura: un lugar donde varias personas tienen tiempo para leer y luego se reúnen para hablar de lo que han leído; eso es lo que ha hecho el instituto Andrés Laguna de Segovia. Ha convocado a los padres y madres de los alumnos para diseccionar mensualmente una obra literaria. Al principio se ha trabajado sobre relatos cortos, pero poco a poco se han ido incorporando también novelas. Su propósito era debatir sobre literatura universal sin olvidar la producción castellano-leonesa, particularmente de Segovia; y junto a autores como Stephan Zweig, Cornell Woolrich, Umberto Eco, Woody Allen, Rudyard Kipling, Daniel Defoe o Jordi Nopca, se han comentado obras de Fernando Travesi y Nell Leyshon; Fernando Travesi es un escritor segoviano y Nell Leyshon una escritora irlandesa que se ha dado a conocer para nosotros en el Hay Festival de Segovia.

La experiencia ha sido estimulante. Uno lee una obra y la entiende de una manera, luego la comenta con otros y la entiende delibros-abiertos otra. Cada lector es un punto de vista, cada lectura una perspectiva diferente; como si una tertulia fuese la mirada del ojo de un insecto, hecho de muchos ojos, cada uno de los cuales ve una cosa y la síntesis de todos ellos conforma una realidad poliédrica (o, como ha dicho una de las participantes, caleidoscópica). Entre unos y otros enriquecemos la visión de un relato que, normalmente, tiene muchos matices; descubrimos que los que tienen menos interés literario pueden decir cosas interesantes; stefan-zweig-mendel-el-de-los-librosy que la literatura no consiste en decir cosas, sino en decirlas a escondidas entre estratos que el lector tendrá que desmenuzar; incluyendo referencias cruzadas que apelan a nuestra cultura, construyendo densidades (con los personajes, con los decorados, con las narraciones y con las ideas) que hacen de la obra literaria cualquier cosa menos un encefalograma plano.

Nos hemos acercado a la relación entre literatura y cine, y entre cine y filosofía: la muerte de Umberto Eco nos ha brindado la excusa perfecta para acercar nuestra lupa al universo mental de la Edad Media a través de su novela más emblemática: El nombre de la rosa. Hemos hecho un ejercicio de literatura comparada, relacionando el epílogo de Robinson Crusoe con un cuento de Rudyard Kipling (dos maneras antitéticas de ver la vida). Nos hemos acercado a la literatura que habla de la literatura, descubriendo interesantes reflexiones sobre la naturaleza de la creación (Mendel el de los libros). Hemos tenido en las manos una obra magnífica que nos hafernando-travesi-la-vida-imperfecta hablado de la Irlanda del siglo XIX, donde la protagonista es explotada por partida doble e incluso triple: como campesina, como analfabeta y como mujer (Del color de la leche); la autora (Nell Leyshon) lo ha hecho dándole la palabra a la propia protagonista, convirtiendo así al personaje en su propio narrador. En fin, y por no alargarnos más, La vida imperfecta ha sido una reflexión pesimista y demoledora sobre las relaciones humanas, en un relato concebido con el formato del drama psicológico.

La primera sesión de nuestra tertulia giró en torno a dos relatos cortos de un joven autor catalán: Jordi Nopca. Uno de ellos (“Navaja suiza”) disecciona el deterioro de una pareja que cuanto más tiempo pasa menos cosas comparte: salvo la pasión por los viajes; la preparación de un viaje a Suiza les hace descubrir que la literatura suiza, tal y como la recogen los estereotipos, se disuelve entre Heidi y Guillermo Tell; salvo honrosas excepciones, y entre ellas se menciona a Agota Kristof. Sigue leyendo

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Fernando Travesí, La vida imperfecta

F. Travesí (2015) La vida imperfecta, Ediciones Isla de Siltolá

Portada La vida imperfecta

En abril se presentó en Segovia La vida imperfecta de Fernando Travesí. Es una novela. Una novela que muy bien podría ser calificada de drama psicológico, psicológico porque, como una tupida maraña, se anudan las complicadas relaciones entre las personas atándolas a sus miserias; y drama porque, a pesar de ser una novela, tiene una hechura casi teatral: de hecho el autor es premio nacional de teatro (Premio Calderón de la Barca en 2001). La presentación tuvo lugar en la Librería Diagonal y corrió a cargo de Maite García Zapata, que es abogada, como Fernando, y que fue compañera suya en Madrid; cuando los dos iniciaron sus correrías por el mundo del teatro, hace ya algunos años.

Maite García Zapata desgranó esos comienzos, cuando ambos eran jóvenes estudiantes y, a pesar de que estudiaban derecho, no se conocieron en la facultad, sino en el teatro; en aquel grupo de actores en el que Fernando Travesí descubrió su vena literaria. Siempre llevaba encima papel y lápiz porque siempre estaba tomando apuntes; observando a todas horas  lo que veía en la calle, recogiendo experiencias: experiencias que luego analizaba, juntaba, escogía y acababa incorporando a la urdimbre de los textos que escribía: primero fue el teatro; ahora, una novela. La vida imperfecta ha recibido, en Colombia, el premio de novela corta del Fondo de Cultura Económica.

            Novela corta. Tiene 205 páginas. En uno de sus pasajes habla del protagonista: “vivía manejando crisis”, dice; “enseñando a los demás a hacerlo y sus conocimientos le alcanzaban, incluso, para manejar las suyas” (p. 60). Fernando también ha manejado crisis. Vivió muchos años ayudando a resolver conflictos, desde Bosnia a África, desde América a Asia (recalando, ocasionalmente, en España). Actualmente vive en Nueva York. Confesó que, después de tantos años de vivir en condiciones precarias, ahora disfruta en Nueva York del placer de una vida “más normal”, sin tantas situaciones límite, adobada con el confort de lo cotidiano; sin sobresaltos.

            Las preguntas de Maite García le hacían desgranar su corta vida de poco más de cuarenta años; y como San Portada San Agustín ConfesionesAgustín en sus Confesiones, no se trataba de detenerse en los detalles, sino en la esencia. Gustaba de repetir una idea que siempre le ha martilleado la cabeza: “la muerte de un hombre es una tragedia; la muerte de un millón es un dato”; quizá por ello (confiesa) ha renunciado a contar las cosas en grande y prefiere contarlas “en micro”; uno supone que, lo mismo que la macroeconomía esconde las palpitaciones profundas de la gente, la macrohistoria también escamotea la esencia que se esconde en los detalles. Una cita de su novela nos ayudará a entenderlo mejor: es “como si su mente estuviera obsesionada con la idea de que para encontrar las verdades ocultas había que mirar, precisamente, entre los miles de pliegues superpuestos que dan forma y consistencia a las pequeñas cosas” (p. 73). Un adolescente que ha desaparecido; una noche de martirio mientras lo buscan sus padres: ése es el argumento; y por él sobrevuela la historia en grande; las miles de historias que él ha vivido en países en guerra, los interminables dramas de tantas familias deambulando a ciegas mientras buscaban a sus hijos; desaparecidos en los conflictos; la mayoría, desgraciadamente, nunca aparecieron.

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