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De gatos y hombres

                   

            Mercedes del Río Luelmo. De gatos y hombres. lagunadelibros/Emiliano Barral/De gatos y hombres

 

RESUMEN

Un chico pasa el verano en casa de su padre. El padre tiene un gato. El gato tiene un nombre. El chico ha roto con su novia. El padre ha roto con su madre. El viejo, el gato y las chicas están entre los libros. El calor te lleva a los libros. No hay que encender el móvil. Y durante todo el verano, los libros hablan.

 

VALORACION

Pasan muchas cosas en siete páginas. La historia tiene un ritmo endiablado y, de sobresalto en sobresalto, al final te sorprenden los libros y el gato. El padre y el hijo empiezan comiendo carne de lata, luego compran potitos y al final comen de verdad. El gato pasa de ser una mierda y un maldito bicho a dormir abrazado a ti; de ser Serendipity y el Zipi a llamarse Seren y Serendipi; come libros y duerme entre libros, y los libros huelen a gato. Hace calor y no hay aire acondicionado, hasta que te estalla la cabeza de calor y el calor te lleva a la biblioteca; y, claro, la biblioteca tiene libros; y chicas; y unas son feas y otras están buenas; y además hay un plan; y el plan pasa por los libros, y los libros no paran de hablarnos: está Neruda, está Bécquer, está Lorca, está Garcilaso, está Goytisolo (José Agustín),está Gil de Biedma sin nombrarlo; y todos nos dicen cosas que nos ayudan a reencontrarnos con nosotros mismos; los libros nos hablan sin identificarse, y el lector tiene un reto a la hora de reconocer citas variadas, y, al menos algunas, reconocibles; es como si el lector, al disfrutar leyendo, también se estuviera examinando. Además la autora, siendo mujer, ha sabido muy bien pensar como un hombre para meterse en la cabeza de su protagonista.

Lo que más abunda son las hipérboles (los calcetines son, más que viejos, “fósiles”), a veces asociadas con algún símil (“lagrimones como puños”); hay dilogías (“a ver si quedan huevos”, largarse con viento “fresco”), ironías (el niño es “grandecito”), símiles (“la cabeza me suena como un viaje en metro”), contrastes (de las chicas, “la maja es la fea” y la guapa es la tonta), prosopopeyas (escuchamos “la voz del destino”), y gradaciones: muchas gradaciones. El lenguaje es popular, de la calle, con palabras vulgares (“yo al Viejo lo quiero un huevo”, “joder, un zombi”, la chica es una “pija”, yo soy “gilipollas” y así sucesivamente); y todo unido crea un efecto cómico que te acompaña de principio a fin. El relato te envuelve, te atrapa, y ¡oh, paradoja!, con palabras vulgares la autora crea una historia nada vulgar. Y al final los libros hablan.

 

RECOMENDACIONES

Este relato ha recibido el premio Emiliano Barral de 2014. Es recomendable por todos los conceptos. Parece vulgar, pero es un clásico (Fernando Argenta supo muy bien caracterizar este tipo de obras: son “clásicos populares”). Lo puede leer todo el mundo desde mediados de la E.S.O., aunque aprovechará más cuando nos vayamos adentrando en el bachillerato.

PUNTUACIÓN

9 sobre 10.

 

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AUTOR: Mariano Martín Isabel. Profesor del Departamento de filosofía. 

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