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El peligro de leer

La vida, dice Kafka en sus Diarios, es un enigma del que hemos olvidado la llave. Los libros, al contrario, son claves o llaves cuyo enigma aún no hemos localizado. Las grandes novelas, los grandes relatos, dan respuesta a preguntas que todavía no hemos hecho, que todavía no hemos encontrado. La vida es un cuaderno de ejercicios; los vamos haciendo sin saber jamás si hemos dado o no con la solución acertada. Frente a ella, los buenos libros proporcionan siempre soluciones justas –preciosísimas– a problemas que luego hay que reconocer y plantear. La literatura significa ponerse en la piel de otro, es libertad para inventar una vida. En ocasiones en un libro podemos encontrar un modelo de conducta, una forma de recuperar una experiencia perdida o de aprender de una vivida por otros. No podemos hallar verdades absolutas en la literatura porque no es una ciencia exacta. Así, lo que nos interesa de todo buen libro son las preguntas que formula, los misterios que nos salen al paso y que nosotros como buenos lectores debemos intentar resolver.

Essais de MontaigneEl arte más grande de todos, escribió Montaigne, consiste en ser uno mismo. Una idea que en esta época, marcada por el estruendo permanente de las pantallas, parece difícil de asumir. El escritor francés apuntó esta reflexión y muchas otras más en los Ensayos que escribió en su castillo del Perigord, dedicando muchas horas a pensar en una habitación silenciosa, alimentando ese pensée vagabonde que dio lugar a una de las grandes obras de Occidente. Hoy, para muchos resulta imposible leer sin escuchar música o mirar la televisión con el rabillo del ojo. La noche se ha tornado tan ruidosa como eLeer y escuchar músical día, y la habitación silenciosa de Montaigne un infierno y una tortura. Ponemos reparos a esa visita de la que hablaba antes, tenemos miedo del encuentro, miedo de la desnudez del otro.

En estas condiciones la lectura se ha convertido en una actividad minoritaria y aquel que se retira a un rincón apartado y escapa del bullicio general para leer su libro favorito, verá cómo su conducta es tachada de extravagante. Cuando el código hegemónico parece ocuparlo todo, cuando, desde lo que nos parece una libertad artística absoluta, nada hiere el discurso dominante, el acto de leer puede ser una pequeña forma de violencia. La búsqueda de uno mismo en el entorno, el instinto por saber, el deseo de satisfacer una curiosidad que nos permita descubrir y enjuiciar lo que a una parte de nuestra sociedad le interesa mantener oculto, se encuentran en ese gesto que por ser, como en el poema de Robert Frost, el menos transitado, puede marcar la diferencia.

La lectura es una experiencia que nos invita a reconocernos en el otro, y este nos descubre aspectos desconocidos de nosotros mismos. En este sentido, la lectura, como el amor, puede ser uVirginia Woolfna forma estupenda de autoconocimiento. Debemos desconfiar de todos aquellos intentos por imponernos una forma de leer, pues, como escribió Virginia Woolfdejar que nos digan cómo debemos leer, qué debemos leer, qué valores debemos dar a lo que leemos, es destruir el espíritu de la libertad”. En todas las demás esferas de la vida nos pueden atar mediante leyes y convenciones, pero en esta no.

AUTOR: Álvaro Acebes Arias. Profesor de Lengua castellana y literatura

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Leer

Benjamin Wood El caso Eden Bellwether

Oscar, un joven enfermero de 20 años de una residencia de ancianos de Cambridge, comparte al comienzo de esta novela de Benjamin Wood, lo que para él significa LEER…

Portada Benjamin Wood El caso Eden Bellwether“En realidad estaba aprendiendo un montón del viejo, le bastaba, sencillamente, con leer los libros que le recomendaba. Durante los últimos seis meses había leído novelas de Graham Green, Herman Hesse, las historias completas de Gianni Celati, Katherine Mansfied, Frank O´Connor, Alexander Solzhenitsyn y los ensayos de George Orwell. Casi había olvidado lo mucho que le gustaba leer; disfrutar de la cadencia privada de las palabras mientras sus ojos las atravesaban. Sus padres eran de la clase de gente que tenía las estanterías para libros, pero que no tenía libros. Nunca comprendieron el placer de la lectura y nunca pensaron que fuese algo que mereciese la pena estimular. En sus vidas, los libros eran accesorios, objetos que se endosaban a los niños en las escuelas por gentileza de profesores de inglés desaliñados. A Oscar le educaron en la creencia de que si se quedaba en su habitación leyendo sobre mundos imaginarios era porque no sabía valorar la vida que tenía, las posesiones por las que sus padres habían trabajado tan duro, como la televisión, el vídeo o el recién abonado jardín posterior. Cuando leía, su padre le preguntaba si estaba bien, si le sucedía algo; le preguntaba qué había pasado con aquel amigo suyo que había venido una vez a tomar el té. En la urbanización en que vivían sus padres, en Watford, la vida era más sencilla cuando uno no leía. Así que se entrenó a sí mismo para no desear hacerlo.

Pero desde que el doctor Paulsen le había invitado a que tomara prestados ejemplares de su biblioteca el año pasado -“Elige algo. Lo que sea. No hago recomendaciones-“, Oscar había empezado a rememorar el placer de leer. En las épocas en que Cedarbrook estaba tranquilo, se leía tres o cuatro libros en un mes, incluso más si trabajaba de noche. Había noches en las que todos los residentes habían sido ya acostados y los timbres para avisar a las enfermeras habían dejado de sonar; entonces podía pasarse muchas horas en el vestíbulo vacío, leyendo junto a lamparilla, noches en que sus secos dedos se deslizaban entre las páginas con olor a jabón antibacteriano. Aquellos eran los momentos en que era más feliz“.

Benjamin Wood (2015) El caso Eden Bellwether, Duomo ediciones (páginas 30-31)

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“La lectura, la verdura en nuestra dieta”

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“La radio marca los minutos de la vida; la televisión, las horas;

el libro, los días”

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El acto de leer se puede definir según la RAE como el proceso de pasar la vista por lo escrito o lo impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados y entendiendo o interpretando un texto de determinado modo. También se puede definir como la abstracción por la cual una persona se introduce en la trama de cualquier historia convirtiéndose en un personaje más.

Leer un wsPara empezar, leer se hace mucho, pero no en cuanto a su esencia literaria, es decir, ahora mismo se leen más los whatsapps que los best-sellers. De hecho, del total de personas que leen: un 22’2% lo hace por trabajo o estudios. Incluso hay un 37% que no lee libros, sin embargo, la cantidad de lectores en España alcanza alrededor del 63% de la población, reduciéndose así la distancia que nos separa de la media europea, que es del 70%.

Por otra parte leer no tiene por qué ser un suplicio, todo el mundo debería tener un libro que le hiciera sentir algo, un escalofrío por un asesino ficticio que cruza la calle, una carcajada por una situación cómica, un cascada de lágrimas deslizándose por la cara debido a la muerte de un protagonista… y todo esto solo con la imaginación. ¿No es increíble?

Verduras al vaporAdemás, leer significa olvidarte de todos tus problemas por un momento y vivir experiencias distintas dejándote caer, como hizo Alicia por la madriguera, en busca de una aventura, tal vez incluso puedes ponerte de pie y gritar que eres infinito como Charly o luchar por todo lo que quieres como Katniss.

Por último la lectura debería ser algo imprescindible como la verdura en nuestra dieta, que si no la tomáramos no nos sintiéramos bien, nos faltaría algo, porque leer no significa perder el tiempo, es una actividad que supone no querer parar, como diría Jacinto Benavente: “No hay ninguna lectura peligrosa. El mal no entra nunca por la inteligencia cuando el corazón está sano.”

Ana Blanco Heredia. Alumna de 1ºBachillerato

 

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¿Qué es para mí leer un libro?

 

lectura seduccion

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Para mí leer un libro es algo muy especial. Es viajar a otro mundo, algo mágico. Lo mejor para disfrutarlo, no es leérselo entero en un solo día, ni saltarse capítulos para llegar antes al final, no, no es nada de eso.

Lo mejor de leer unLibro abierto libro es leer hasta la mitad, hasta ese momento de tensión e irse a dormir. De este modo podrás soñar con el que has dejado a medias, podrás imaginarte qué pasará, inventarte un final para ese libro inconscientemente. Otra ventaja de leer así, es que al día siguiente tendrás más ganas que nunca de acabarte ese libro e incluso lo leerás con ansia.

Leer un libro es algo muy importante que afecta a nuestros sentimientos. No se puede acabar un libro, cerrar la tapa y pensar: “A ver cuál leo ahora…” No, al acabar un libro debes sentir emociones: alegría, tristeza o incluso llorar de pena o reír de la emoción. Leer un libro no es ver la frases y palabras, no, es tener sentimientos mientras leer, sentir todas y cada una de las letras de una palabra, imaginarte el lugar descrito y situarte allí, viviendo lo que vive el protagonista del libro. Y ese momento de tensión, en el que no sabes qué va a pasar y sientes un escalofrío que te recorre desde la punta de los pies hasta la punta más alta de la cabeza, en ese momento y solo en ese momento sabrás que de verdad estás leyendo un libro y que estás conectado con él.

Raquel Anaya. Alumna de 2ºESO

 

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Lo que la literatura significa para mí

Libro con cerradura y hombre mirando

Lo que la literatura significa para mí

Comienzo a escribir con la esperanza de lograr transmitiros todo lo que la lectura ha significado y significa para mí, y de que mis palabras y mi experiencia quizá os sirvan de ánimo o impulso para comenzar a leer sin miedo y con ganas.

En mi caso, debo agradecer a mis padres que me inculcaran el gusto por la lectura, y es que en mi casa siempre han entrado más libros que videojuegos. Sin embargo, según he ido creciendo, me he dado cuenta de todo lo que esas historias me regalaban. Gracias a ellas aprendí a escribir bien, a tener más vocabulario al que recurrir y a evitar algunas faltas de ortografía. También me permitieron conocer lugares en los que no había estado nunca y personas a las que no había visto en mi vida y es que, muchas veces, ni siquiera existían. Además, me hacían formarme y aprender Historia, Geografía o Ciencias sin que yo tuviera consciencia de ello. Por último, la lectura me sensibilizó y me acercó ciertas situaciones de injusticia o experiencias que quizás yo no vaya a vivir nunca, pero que, de esta manera, me permiten conocerlas y luchar para que nadie más se vea atrapado en ellas.
Por otra parte, cuando ya no era tan niña, los libros se hicieron para mí un refugio y un desahogo. Algo que ya no hacía solo por diversión, sino a veces por necesidad. Por insólito que parezca, para mí un poema es un calmante y una solución a muchos problemas.
Además, comencé a escribir y encontré de esa manera la mejor válvula de escape. En el papel nadie puede ponerme límites ni fronteras y mis palabras vuelan allí donde yo las quiera llevar.

 

Lucía Casado Ronco. Alumna de 4ºESO

Diferentes iguales

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¿Qué me aporta la literatura?

Manos entrelazadas con texto

¿Qué me aporta la literatura?

“La literatura española está ligada, indiscutiblemente, a todos y cada uno de los hispanohablantes en el mundo. Cualquiera que sepa este idioma ha leído, desde una novela hasta la carta de un restaurante de España, pasando por un cuento popular o alguna leyenda.

Entre estos hablantes, hay tres tipos principales. Los que leen por obligación (lectura en el instituto, sin ir más lejos), los que no leen y los que viven lo que leen, como si estuvieran viviendo una aventura desde el sofá.

De los dos primeros grupos no hay nada que contar. Todos sabemos sus características. Pero el tercer grupo es bastante comentable.

Es gente normLas razones de un lectoral, como tú y como yo, solo que al llegar a casa, sobre las seis de la tarde, no van corriendo al salón a encender la tele. No cogen el Smartphone, encienden el wifi y se sumen en un trance debido a la incrementada red socialización. No. Ellos llegan a casa, se sientan en la butaca, en la silla de la mesa de estudio, en el sofá o en la cama. Abren cuidadosamente un libro, oliendo las páginas, y por fin, llegan al marcapáginas. Lo retiran con cuidado. Después de esto, se abandonan entre palabras, frases, conversaciones. La gente piensa que pueden ser más raros que el resto. Pero,¿ acaso no es un videojuego una forma de escapar de la realidad?, ¿no es la pantalla de un móvil un modo de sumergirse en otro mundo, a través de una red social, fingiendo ser quien no eres, podiendo vivir otra vida? Eso es lo mismo que un libro, pero bastante más ficticio.

La lectura es capaz de hacerte sentir todo lo que lees. Ves la sombra del asesino en la puerta, sus ojos helados clavados en ti, sintiéndole en tu nuca. Enamorarte de las frases con las que enamora el protagonista a la princesa.

Por eso y mucho más. Gracias, querida literatura.”

Lucía Arias Otero, alumna de 2ºESO

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